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Ausencias papales
El Pontífice no acudió a ninguna de las cenas oficiales organizadas por su cumpleaños
18.04.08 -

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Ausencias papales
RITO. Benedicto XVI, en un momento de la ceremonia. / REUTERS
En la ciudad donde todo el mundo es alguien, esta semana sólo era alguien el que hubiera conseguido invitación para una fiesta del Papa. «Soy suficientemente modesto como para reconocer que en vez de a mí preferiríais tener aquí al Pontífice, pero en vez del sucesor de San Pedro os tenéis que conformar con el sucesor del Santo Al (Gore)», bromeó el vicepresidente, Dick Cheney, en la cena anual de los corresponsales de radio y televisión. «Me encantó charlar con Benedicto XVI», añadió después en el mismo tono. «Es difícil tropezar con alguien que guarda más secretos que yo».

Daba igual la religión, el Papa está de moda. No sólo porque tiene un iPod con música clásica, viste zapatos rojos -de Prada, según los rumores- y le reciben las masas como a una estrella de rock, sino porque a nadie se le ocurrió nada más guay que asistir a la fiesta de cumpleaños del Pontífice.

Una tenía toda la pompa de una cena de Estado, preparada por George y Laura Bush en los majestuosos salones de la Casa Blanca, con un menú inspirado en la cocina austriaca en honor a los orígenes de Joseph Ratzinger, que el miércoles cumplió 81 años en Estados Unidos. Además de los doscientos líderes católicos invitados por la familia presidencial para la cena de honor que se celebró en el Salón del Este, la lista de privilegiados incluyó al candidato republicano a la presidencia, John McCain, la portavoz demócrata de la mayoría en el Congreso, Nancy Pelosi, y los jueces del Supremo John Roberts, Antoni Scalia, Anthony Kennedy, Clarence Thomas y Samuel Alito, que esa mañana se habían perdido los veintiún cañonazos por estar en sesión -sus esposas fueron sin ellos-.

Celebración con obispos

Pero, ¿era ése el sitio en el que había estar? A pocos kilómetros se celebraba otra fiesta de cumpleaños para el Papa en la Embajada italiana, con la presencia de Plácido Domingo, el presidente del Partido Demócrata, Howard Dean, y algunos de los más influyentes de la capital federal. Todos se quedaron con las ganas de estrechar la mano del Papa y cantarle 'Happy Birthday'. El Santo Padre se apartó estoicamente todo el 'glamour' y prefirió quedarse con una celebración más íntima que le organizaron los trescientos obispos a los que había sermoneado previamente por sus malos manejos en el escándalo de los abusos sexuales. De ellos fue de quien aceptó el pastel de cumpleaños con la forma del Vaticano que le encargaron a la repostera Leslie Goldman-Poyourow en el sabor favorito de Benedicto VXI: chocolate.

Bush le devolvió el plantón ayer en la misa celebrada en el estadio de los Nationals, adonde dijo no acudió «para no complicar más la seguridad».
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