El reportaje de la revista aérea es escaso pero exacto en casi todos sus datos menos en uno, ya que el funicular no es, como se lee en esa página, un tren de cremallera, sino un funicular accionado mediante la maquinaria de la estación superior y dos cables unidos a los vagones. Se inauguró el 7 de octubre de 1915 y le faltan por lo tanto 7 años para llegar a centenario. Se construyó según un proyecto de don Evaristo San Martín y su coste fue -estamos hablando de 1915- de 480.407,30 pesetas (obsérvese el detalle de los 30 céntimos).
El 'funi' estuvo prestando servicio con normalidad hasta que se interrumpió a causa de la guerra civil, -Artxanda fue uno de los escenarios de combate en la defensa de Bilbao-, reanudando de nuevo su actividad normal el 18 de julio de 1938.
Como detalle curioso les diré que en 1938 el billete costaba aquellos 60 céntimos y hoy ese mismo billete, cuesta 0,86 euros, es decir 143 pesetas. No me parece mucha subida, si tenemos en cuenta los 70 años transcurridos y sobre todo la inflación, un fenómeno que en los años treinta era aún desconocido.
Así estuvo el 'funi' subiendo y bajando sin novedad hasta que el 25 de junio de 1976, por un fallo de los frenos durante el cambio de cables, un vagón bajó en caída libre por todo el recorrido con cuatro operarios dentro: tres de ellos consiguieron tirarse en marcha y el cuarto siguió en el vagón hasta que éste se estrelló en la estación inferior. Afortunadamente todos los trabajadores salvaron su vida.
Y así estuvo el funicular en paro forzoso durante siete años y recuerdo que en uno de mis comentarios sobre las 'maravillas mundiales' que poseía Bilbao, incluía yo «el único funicular del mundo que ni sube ni baja». Al fin, siete años más tarde, fue totalmente reconstruido y en abril de 1983 comenzó de nuevo a prestar servicio. Y ahí sigue, subiendo y bajando felizmente bilbaínos, bilbaínas y bilbainitos.





