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EL BAFLE
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18.04.08 -

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El miércoles el guitarrista flamígero Eric Sardinas rozó el lleno en el Kafe Antzokia. Por detrás sólo se veían tíos pero en las primerísimas filas abundaban las chicas, que no perdían detalle del estilizado sex symbol: botas de punta, amebas, camisa colorista, chaleco, sombrero de cowboy con adorno floral frontal y morena melena rizada cayéndole por los lados. El pavo saludó con un 'hola, ¿qué tal?' (nació en Florida y su padre es cubano), se asomó al borde del escenario y se encorvó asiendo su dobro (guitarra acústica con cuerpo de metal) con las iniciales E.S. entre los trastes y en el reverso de la caja y con un cigarro humeando en el clavijero. Muy cool su estampa glam, muy de verdad el blues que se marcó en solitario y muy arrollador el remate con toboganes R&R a lo Stevie Ray Vaughan al que se sumaron los dos escuderos: un bajista con camiseta de Jack Daniels y un baterista menudo, macarra y tatuado.

¿Vaya ovación emergió de la congregación en pleno cuando la terminó! Eric preguntó si nos sentíamos bien, la gente gritó yeah!, ya, y el hacha hechicero introdujo así el show: «¿Hay alguien al que guste el blues? (yeahhh!) ¿Hay alguien al que le guste el rock and roll? (yeahhhhhh!) ¿Pues habéis venido al sitio adecuado!». Y la fauna rugió, claro. Qué chulo, el Sardinas.

Efectista

En dos horas y cuarto de largo y entregado bolo («vamos a acabar a las 5 de la madrugada», temió Alfredo, el dandy de Indautxu, que consiguió la entrada en la radio), Eric Sardinas espoleó de diferentes maneras al personal: insistiendo en si Bilbao se sentía a gusto, bajando a tocar entre el público (al final, con el torso desnudo y mostrando los tatuajes sudados), cediendo espacio solista a sus secuaces y ejerciendo cual estrella del heavy metal virtuoso, circuito donde cuenta con tanto predicamento. Sí, Sardinas mamó el blues y lo ha llevado más allá sin miedo ni a los efectismos (qué pena, esta vez no pegó fuego a su instrumento) ni a la contaminación con estilos más modernos, tipo el hard rock, las prospecciones astrales de herencia hendrixiana, el rocanrol trotón o la onda motera guay.

Pero esto no significa que relegue al olvido su raíz blues, pues se rindió a sus ancestros en una revisión enfática, rocabilesca e increíble del clásico de Muddy Waters 'Can't Be Satisfied', otra guapa adaptación del 'Hellhound On My Trail' de Robert Johnson, un blues lento académico y el instrumental 'Texola', en plan SRV y dedicado a los clubes fronterizos (Texas-Oklahoma) donde toca y abreva.
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