Esta pequeña joya acaba de ser publicada en euskera, con traducción de Juan Kruz Igerabide e ilustraciones de Elena Odriozola, por Elkar. En esta ocasión Sierra i Fabra se remonta a los años 20 del siglo pasado para contar un hecho real del que no hay muchos datos. El gran Kafka, ya muy enfermo, se cruzó en el parque con una niña que lloraba porque había perdido su muñeca. En un arranque de ternura, el escritor checo la consuela diciéndole que sólo se ha ido de viaje, se confiesa cartero de muñecas y queda en traerle las cartas que mande la muñeca. De los encuentros en los que Kafka contaba a la niña historias de viajes imposibles nace esta novelita que es de ficción porque no hay documentos en los que basarse. El checo mandó a un amigo que quemara todos sus papeles a su muerte.
Sierra i Fabra pone música «a toda pastilla» para escribir, pero esta vez no fue así. «Sin estridencias», explica. Estuvo meses dándole vuelta al tema y al final le dio forma en cuatro días. «No pienso decir que tardé mucho, como hacen otros. Un libro no es mejor porque cueste más escribirlo», arremete. Diálogos y más diálogos que fluyen «como la música», sencillez y dejar hueco a la imaginación del lector - «no doy nombres de ciudades ni describo a los personajes, eso lo hace quien lee»- son las claves de su éxito. Y ser «una antena parabólica con patas. Dame el periódico de hoy y te escribo tres novelas».







