Afortunadamente no hubo que lamentar víctimas. Es una de esas frases tópicas usadas en el papel impreso después de los diversos accidentes, atentados y otros sustos que nos depara la animada vida moderna. Esta vez también se ha dejado oír con motivo de la explosión provocada por ETA en la sede socialista en el barrio bilbaíno de La Peña. Alivia saber que no toca funeral, desde luego, pero uno tiene la impresión de que cuando los hechos son presentados de esta manera adquieren una dimensión blanda, tranquila, dulcificada; como si ya no hubiera que reprobarlos teniendo en cuenta que podían haber ocurrido cosas peores. En cierto tiempo algún ingenioso orfebre de las palabras acuñó aquello de 'terrorismo de baja intensidad' para referirse a los autobuses incendiados, los cajeros de banco destruidos, los contenedores de basura en llamas y los escaparates hechos trizas a manos de ágiles muchachos con un concepto muy particular de la diversión nocturna. El montante de sus incruentas actuaciones daría para edificar varios colegios y construir más de una carretera, pero ahí estaban las palabras para quitarle importancia. Hace pocos días, un portavoz del PNV con merecida fama de buen orador se refirió a la previsible agudización de la actividad terrorista mediante un verbo inusual. «ETA va a zumbar», avisó. Pues bien, ya ha zumbado. Sin embargo habría que preguntar ahora a los vecinos de La Peña si lo que oyeron esa noche fue un simple zumbido, como el de un enjambre de insectos molestos que se hubiera posado sobre el barrio. Lejos de la intención del diputado Erkoreka, sin duda, suavizar estas barbaridades. Pero cuando las palabras se echan a volar ya no significan lo que el hablante pretende que signifiquen, sino lo que el oído decide. En su uso coloquial por parte de la tribu, el verbo zumbar es sinónimo de golpear, incluso de golpear de lo lindo, pero dentro de ciertos límites más o menos tolerables. Más aún: zumbar conoce una acepción jocosa cuya sola existencia ya induce a ambigüedades y que por tanto lo invalida en cualquier formulación que se pretenda seria. La Televisión vasca emitía un programa de notable éxito popular llamado 'Zumbados' que estaba inspirado en el modelo de la cámara oculta. Ahí lo de zumbar consistía en someter a unos ciudadanos incautos a bromas inmisericordes aunque no exentas de gracia. Tal vez no sea impropio decir que, con la bomba colocada en la casa del pueblo de La Peña, ETA ha zumbado con un acto terrorista de baja intensidad en el que afortunadamente no hubo que lamentar víctimas. La pregunta es en qué lugar de un enunciado como ése entran el miedo, el sobresalto, las lágrimas, el insomnio, los vidrios rotos, el perro malherido y los coches para el desguace.