Por cierto, otro de los 'frikis' de la competición, el irlandés Dustin, tampoco obtenía grandes cifras: cuatro puntos. La favorita del personal es la sueca Charlotte Perrelli. Es verdad que el valor de esta encuesta es limitado. También es verdad que hace falta una mentalidad singular para pertenecer a una asociación de 'eurofans'. Es verdad, en fin, que los gustos de los votantes no tienen porqué coincidir con los del público general el día del festolín, y que, por otra parte, estas encuestas pueden ser manipuladas. Pero, en todo caso, el dato no deja de ser interesante: estas lumbreras esperaban saltar al mundo con la gran patochada y que el mundo respondiera con el mismo alborozo pastueño que la hispánica grey, pero el mundo, por fortuna, no siempre respira con pulmones semejantes a los nuestros, lo cual aún deja una esperanza de supervivencia a la humanidad. En lo que concierne a la cosa propiamente eurovisiva, habría que insistir en que no es ilegítimo aspirar a que el festorro pueda recuperar cierta altura estética. En eso deberían empeñarse los países cuyas televisiones públicas, por potencia y por tradición, pueden permitirse el lujo de concursar no para ganar, sino para marcar estilo. Un concurso en el que han participado Dan Ar Braz, Mocedades o The Mullans no tiene por qué acabar convertido en una competición sensacionalista.











