
SU HISTORIA
Narra cómo su padre, un inmigrante cordobés del inicio de los 70 vinculado a la sanidad -trabajó en la administración de un hospital-, hubo de hacer las maletas por cuestiones laborales para afincarse en Madrid. «Yo tenía 9 ó 10 años y nos vinimos todos aquí, también mi madre, que es de Placencia, y mi hermano, cuatro años menor», explica.
Desde aquel episodio ya alejado de la memoria han transcurrido más de dos décadas y Asier trata de atar cabos para poner en orden las vivencias experimentadas en Eibar, aunque evoca más las que acumuló en su etapa de juventud. «Mis raíces son andaluzas, porque mis cuatro abuelos proceden de aquella tierra, pero una de mis abuelas ha vivido hasta hace muy poco ahí y por ello he seguido yendo bastante, hasta que se trasladó a Jaén». Mientras ella permaneció en su casa eibarresa él se dejó caer con cierta asiduidad, por Navidad o aprovechando cualquier oportunidad del calendario. Además, hasta los 18 ó 20 años -asegura- «siempre pasé ahí los veranos», hasta que cuando empezó la Universidad «me eché novia y comencé a ir menos», admite. Hoy por hoy ha perdido contacto: «hace tres o cuatro años que no piso el pueblo y tampoco hablo con nadie de ahí».
Mientras estudiaba Empresariales echaba una mano en el supermercado que montó su familia y desde hace ya seis años trabaja como empleado de banca en La Caixa.
Vive en la zona norte de Madrid, «un poco en las afueras», concreta, y se encuentra «adaptado» al tipo de vida que lleva junto a su mujer, Yolanda, y su hijo, Alejandro. «A ella le gusta este ritmo y cuando alguna vez le he insinuado la posibilidad de trasladarnos un poco más lejos no le ha apetecido, porque le va mucho el ajetreo», apunta. Entonces le viene a la mente aquella ocasión, hace tiempo, cuando Caixa Cataluña le propuso abrir una nueva sucursal en Guipúzcoa. «Me planteé irme a Donosti, donde ahora me queda la única familia en Euskadi, pero como ella no quiso no lo hicimos. La verdad es que a mí no me hubiese importado, pues tampoco me apasiona este ritmo frenético de Madrid».
Y es que reconoce que le tira la tierra «aunque vaya poco», en parte porque tampoco tiene dónde alojarse y sus últimas visitas fueron en el día por ese motivo.
Monte y playa
«Para la gente que vivimos en el centro todo lo que sea estar cerca del monte o del mar se agradece mucho y cuando estaba ahí iba a menudo a la playa de Deba», afirma, como si se trasladara en el tiempo hasta aquella etapa. Puesto a quedarse con algo escoge el «ambiente» y también «la forma de ser» de la gente. «La verdad es que me gustaba mucho», dice, con cierta añoranza.
Cuando uno lleva tanto tiempo lejos de su tierra y ni siquiera le quedan anclajes familiares o de tipo amistoso en ella se corre el riesgo de caer en el olvido. Pero no es ese su caso. «Si me preguntan de dónde soy siempre digo que me siento vasco, y además llamándome Asier es evidente mi procedencia. Tengo cariño a Eibar y lo llevo en las venas, aunque también reconozco que más que de donde nace uno es un poco de donde pace», sostiene, reivindicando también para sí una cuota de corazón madrileño.
Donde no tiene dudas ni distracciones es en lo referido a sus preferencias futbolísticas. «Otra cosa es que yo siga al Eibar o que mi equipo sea la Real», sonríe, consciente de la rivalidad que envuelve especialmente durante esta temporada a ambos equipos, por aquello de competir en la misma categoría. «Los sigo con mucho cariño, y todavía tengo los álbumes de cromos que hace años coleccionaba de ambos».
Quizás no se ha planteado el futuro, pero al preguntarle por ello se percaba de que lo tiene decidido. «Estoy muy asentadoy teniendo un niño la verdad es que ya no me voy a mover. Llevo una vida bastante sencilla, tranquila, sin previsión de grandes cambios».





