
OSCURIDAD. Los equipos necesitaron de grupos electrógenos.
Paradojas de la vida, ayer mismo, durante una comida con familiares y amigos, José Jiménez Guzmán –hasta ahora un anónimo conductor de autobús de 53 años– comentaba a los suyos la gran responsabilidad que implica ponerse al volante. «Cuando tiene que trabajar él nunca bebe ni una gota de alcohol. Si alguien le insiste en una reunión, siempre recuerda lo importante que es conducir con tanta gente a bordo y subraya que no se puede tomar a la ligera».
Las declaraciones las hizo su hija Gloria, de 22 años, a las puertas de Urgencias del Hospital Clínico. Con el alma en vilo, a la espera de conocer el último informe sobre el estado de salud de su padre. Según su relato, ingresó en el complejo sanitario con un traumatismo craneal, aunque al parecer estaba consciente y anoche no se temía por su vida.
A José Jiménez, la prudencia le sirvió ayer de poco. El destino, caprichoso, quiso incluir su nombre en el listado de protagonistas del accidente de tráfico más grave registrado en la provincia de Málaga en los últimos 18 años. Casi los mismos que acumula este malagueño, residente en una pedanía de Alhaurín el Grande, en su currículum de conductor.
Un historial «impoluto», según destacó su esposa, María Guzmán. «En los 22 años que lleva al volante puede presumir de no haber tenido ningún percance. Él suele cubrir trayectos por Andalucía y jamás ha tenido ni un problema», explicó. María se enteró de los hechos cuando estaba pagando unas compras en un comercio de Fuengirola, al que había acudido junto a su hija Gloria.
Fue una compañera de trabajo la que le llamó por teléfono y le puso al tanto de la tragedia. La noticia le cayó como un jarro de agua fría. «No sabía ni cómo reaccionar. No me lo creía», señaló.
Al hablar de su marido, María hizo hincapié en su profesionalidad. «Ante todo, es un hombre muy prudente. Siempre va con mucho cuidado», dijo. Sus hijos, Gloria y Juan José, respaldaron sus palabras. «Nuestro padre tiene muy buenos reflejos. Habrá intentado enderezar el autobús como ha podido». «Lo injusto es que siempre sale perdiendo la gente que no se lo merece», añadió la joven.
Mientras tanto, en la zona del accidente miles de conductores quedaron inmovilizados. La incertidumbre reinaba entre los ocupantes de los vehículos, que recibían a cuentagotas información de lo sucedido. En esa situación, la radio se convertió en la gran aliada para conocer la dimensión del drama.
En un primer momento, la circulación y los accesos a la autopista quedaron cortados y se habilitaron itinerarios alternativos hacia los núcleos urbanos de Torremolinos y Benalmádena. En ambos municipios, los agentes de sus respectivas policías locales montaron dispositivos para regular el tráfico, cuyo volumen colapsó sus calles durante horas.