
-¿Comparte la percepción general de que la marginación local es un problema al cargo exclusivo de la Administración?
- En nuestro modelo de Estado, la idea que ha prevalecido es que los ciudadanos están dispuestos a pagar si la Administración asume tales funciones, pero creo que se precisan las dos funciones. Que sólo lo asuma el Estado supone delegar y eso es malo, a todos los niveles, incluso afectiva y emotivamente, pero trasladar la responsabilidad a la sociedad civil, como pretenden los procesos de liberalismo, tampoco es lo correcto. Las instituciones públicas deben protagonizar el esfuerzo, pero esta función no será efectiva sin una sociedad activa que desarrolle su sensibilidad para captar las situaciones que permanecen sin atención. También hay que pensar hasta qué punto se pueden abordar situaciones de exclusión del otro sin darle voz y participación en su recuperación.
-También se habla de un determinado perfil del excluido, ligado a toxicomanías o problemas psíquicos, pero, según el Instituto Nacional de Estadística, una quinta parte de la población española se halla por debajo del umbral de la pobreza. ¿Cómo se puede acabar con este estereotipo?
-Al final, la exclusión se traduce en un deterioro visible, sino estaríamos hablando de marginaciones psicoafectivas que son mas difíciles de detectar. Lo que está ocurriendo es que aparecen nuevos procesos dentro de una misma forma. Es el caso de la gente de la calle, con jóvenes de treinta años bebiendo todo el día, vagabundeando. ¿Cómo han caído? ¿Se detectan? Se precisa sintonía entre la sociedad y la Administración para afrontar estas nuevas situaciones. Siguiendo con ese mismo ejemplo, cabe señalar que las redes de organizaciones para los individuos sin techo precisan tanto de voluntarios como vínculos con la Administración para mantener su infraestructura. Hemos de cuidar esas antenas para poder captar conflictos y trasladar las iniciativas hasta el cauce público.
Recursos humanos
-Algunas entidades confiesan que precisan más recursos humanos que económicos para desarrollar sus proyectos, ¿habría que dar mayor impulso al compromiso social?
-No es fácil porque se requiere una labor compleja. A ese respecto, primero, resulta fundamental la educación, mediante la implantación de valores transversales; segundo, se precisa difundir lo que sucede en nuestra sociedad; y tercero, establecer mecanismos para canalizar la voluntad solidaria. Pero no soy pesimista. Cuando ves por la calle monitores de tiempo libre con niños afectados por discapacidades, te das cuenta que esa gente existe, que hay una presencia tremenda oculta y unos principios que animan nuestra sociedad, aunque no los resaltemos.
-¿Qué responsabilidad han de asumir los medios de comunicación en esa colaboración?
-Han de ser testigos de lo que ocurre y tienen que exponer la realidad social tal como es, una premisa fundamental para que se genere conciencia ciudadana.
-A menudo, y de manera generalizada, se les achaca su escasa labor de sensibilización sobre cuestiones tan duras.
-Como representante de una organización de cooperación les exijo que transmitan lo que somos y representamos dentro de la sociedad, no les pido que sean organismos sensibilizadores. Ahora bien, los medios de comunicación deben de ser independientes, pero no neutrales ante la injusticia. Forma parte de su misión y valores, no pueden ser ecuánimes en temas en los que hay en juego aspectos fundamentales de la dignidad o el sentido de la vida.







