El de Jávea demostró por qué es el mejor restador del circuito y con una mayor agresividad en sus golpes enlazó cuatro juegos consecutivos y se aseguró la muerte súbita. Almagro, que apenas daba crédito a la renta que había perdido, pudo mantener su servicio y forzar el 'tie-break'. El estado anímico de uno y otro quedó reflejado perfectamente en el discurrir de la muerte súbita. En un abrir y cerrar de ojos, Ferrer se situó con un 6-1 que le concedía cinco puntos de partido y en la segunda que tuvo sentenció.
De esta forma, Ferrer se quitaba la espina de la final perdida en Valencia y en su club hace tres años y de paso sumaba su primer título del año, una manera de encarar con gran dosis de optimismo el primer Masters Series sobre tierra batida que afrontará esta semana en Montecarlo.
Los dos primeros sets de la final fueron una clara representación de la trayectoria de ambos jugadores en el torneo. En el primero, Almagro hizo gala de su gran tenis para apuntarse cómodamente la victoria por 6-4, con un juego muy agresivo y profundo que junto a su potente servicio puso en constantes problemas a Ferrer.
Pero en el segundo, el alicantino demostró la capacidad de reacción que ya exhibió en cuartos y en semifinales y se apuntó sus dos únicos puntos de 'break' para vencer por 6-2.





