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Alberto Iñurrategi: «La actitud de la gente cuando viaja al tercer mundo deja mucho que desear»
Alberto Iñurrategi aparca los piolets para coger la cámara y ofrecer una visión personal y crítica sobre el turismo actual

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Alberto Iñurrategi: «La actitud de la gente cuando viaja al tercer mundo deja mucho que desear»
'MIRADAS A CÁMARA'. Alberto Iñurrategi, paseando la pasada semana por una calle de Bilbao. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Alberto Iñurrategi concluyó hace ya seis años los 14 ochomiles. Ya lo dijo entonces. «Me he quitado un peso de encima». Luego ha seguido escalando, pero en proyectos mucho más personales -Cho Oyu en invierno, segunda absoluta al G-III, intentos al 'Ogro' y al Everest por el corredor Hornbein-, en los que el éxito o el fracaso no venía dado por la consecución de la cumbre. Reservado por naturaleza, también ha descubierto un vehículo para dar a conocer sus inquietudes personales: los documentales. Primero fue el multipremiado 'Hire Himalaya', una deuda saldada con su hermano. Luego surgió 'Gure Himalaya', los recuerdos personales de una década de expediciones. Y ahora llega 'Begiz Begi', una reflexión íntima y muy crítica del alpinista reconvertido en viajero. Un viajero que mira. Pero al que también miran.

-No deja títere con cabeza en el documental. Es muy crítico con casi todo: el turismo, la religión, la explotación infantil y de las mujeres...

-Y conmigo mismo.

-... con el alpinismo actual.

-Si me incluyes dentro de él, sí.

-Concretamente con la actual forma de hacer alpinismo.

-A mí no me parece que sea tan, tan... es duro, sí, pero yo creo que es una crítica muy asumible. Por parte de todos. Tampoco se trata de tomarlo a título muy personal. Yo me quedaría más con el mensaje general. Y creo que es muy evidente: que las actitudes de la gente, de los montañeros, a la hora de viajar, sobre todo a países del tercer mundo, en la mayoría de los casos, deja mucho que desear.

-También critica la religión.

-No se critica la religión. Se critica la hipocresía de los montañeros en el uso de las banderas de oraciones, por ejemplo. ¿Qué tiene que ver eso con la montaña? Es sólo folclore. La crítica no se hace tanto al individuo que vive su fe como a la clase dirigente de la religión, a sus palacios.

-También dice «nosotros venimos al pillaje, nosotros venimos a profanar...»

-Claro. Y si tienes en cuenta lo que pasa... Te pongo un ejemplo. ¿Conoces esas piedras cultivadas que suelen llevar los tibetanos en collares, no? Pues los japoneses en particular y los occidentales en general las hemos esquilmado. Las hemos comprado, robado como quien dice, pagándoles cuatro rupias, cuando son unos artículos que ellos han heredado de sus antepasados.Y nosotros hemos ido allí, nos han gustado y hemos arramplado con ellas. Y que profanamos tumbas es evidente. Los occidentales vamos a Pashupatinath y entramos con las cámaras hasta las mismas piras crematorias. No somos nada respetuosos. Y eso, por ejemplo, difícilmente nos lo plantearíamos hacer en casa.

-¿Se incluye en esa crítica?

-Por supuesto. Las imágenes de la proyección están hechas por mí o por los que me acompañaban. Y me incluyo porque el documental es una autocrítica.

Mala conciencia

-¿Hay mala conciencia en la necesidad de hacer un documental así?

-Deberíamos de tenerla. Pero no se ha hecho por eso. Ni tampoco para lavar culpas. Sino con la intención de aportar algo positivo. Porque con este mensaje tampoco se está diciendo que no se viaje, sino que se puede viajar con otra actitud, de otra forma mucho más enriquecedora. Al final, viajar es algo universal y un elemento con el que los pueblos se han ido desarrollando y enriqueciendo. Hoy todavía todos tenemos mucho que aprender de otros países y otras gentes.

-¿Pero es posible hoy en día viajar con la perspectiva de aprender y no con la de conquistar? ¿Con el objetivo de ver, no el de sólo mirar?

-Yo creo que sí, aunque para eso hay que viajar con menos prisa y sabiendo que somos bastante menos de lo que pensamos. Y acercarnos a la gente con otro respeto, con otra actitud. Claro que es posible, aunque evidentemente no todo el mundo lo va a hacer. Eso es imposible. Pero sí se puede influir para que una parte de la gente que viaja lo haga de esta manera.

-El turismo se ha convertido en una nueva forma de colonización. Pasa lo mismo con el alpinismo?

-Sí. Si la globalización la entendemos como neocolonialismo, la montaña se ha convertido en parte de ella. No hay más que ver la cantidad de gente que va al Aconcagua, al Kilimajaro, al Monte Kenia, al Himalaya, etc.

-¿Pero esa globalización es buena o mala? Porque algunos le podrán responder que así también se ha democratizado la montaña.

-No debería de ser malo si se hiciera respetando unas formas y unos mínimos. Me explico. Si me preguntas si es malo que los montañeros vayan a Nepal o a Pakistán, te diría que no, porque es beneficioso. Me parece positivo...

-¿El alpinismo ha sido positivo para pueblos como el nepalí?

-Yo creo que sí. Es palpable el desarrollo que ha habido en el valle de Khumbu, en el de Annapurna y otros de Nepal. La gente ha mejorado en nivel de vida, en educación, en sanidad.

-¿Cómo ve la situación de Tíbet?

-No me pilla de sorpresa. Todo el mundo sabe que China vulnera los derechos humanos, en general y más concretamente en Tíbet, y los tibetanos están aprovechando la publicidad de los Juegos Olímpicos para llamar la atención sobre ello. Por otra parte, hay una respuesta occidental que sospecho que va muy unida a una moda. Al budismo y a todo lo que conlleva. Porque la vulneración de los derechos humanos se da en otros países. Pero ahora parece que sólo pasa en Tíbet. Los intereses económicos también están muy presentes en la actitud de cada Gobierno. Es todo muy complejo.

-¿Es partidario del boicot?

-Lo que pasa es que a mí todo me parece un teatro, un despropósito.
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