
«Al tomar posesión de la Alcaldía se reflejaba un ambiente de pesimismo sobre un futuro muy cercano de dificultades para las soluciones más preeminentes de un pueblo desorbitado por su crecimiento», valoraba el propio Onaindia, que también aludió a cómo «todos los planteamientos de realizaciones llevados en los años anteriores se vieron superados por el aumento de población en los años 1967 y 1968».
Entre los principales problemas a solucionar se encontraba el suministro de agua y la falta de plazas escolares para cubrir las necesidades crecientes en ese sentido. El alcalde ermuarra recordó que la carencia de agua se solventó con una nueva disribución en las viviendas de la Avenida de Guipúzcoa, así como un estudio para el mejor aprovechamiento del arroyo 'Aixolaerreka'. También se refirió a la ampliación del grupo escolar María Teresa Murga, porque la inmigración iba en aumento y se calculaba que a corto plazo habría 2.800 ó 3.000 jóvenes alumnos en el municipio. Por ello se acometió la compra de terrenos en la zona escolar de Ongaray (10.000 metros cuadrados) -su propietario era hasta entonces Jesús Urizar-, y paralelamente se acordó redactar un proyecto de 24 unidades y 12 viviendas para maestros.
En su repaso, Ignacio Onaindia, se mostró orgulloso de haber sido el impulsor de la Escuela de Iniciación Profesional. El apoyo de la Escuela de Armería y la financiación de la Diputación de Vizcaya lo hizo posible.
Otro de los logros en su mandato, explicó, fue la cubrición, siquiera en parte, de los ríos Urtia y Verano, que en su confluencia conformaban el Ego, así como la pavimentación de varias calles y también de la Plaza de España. Por último, anunció la construcción de 186 nuevos nichos en el cementerio, que se quedaba pequeño para una población ya de 15.000 habitantes.





