
Cabría decir que este Gorgorito de bronce, acompañado por la nariguda bruja Ciriaca y una pequeña espectadora, ha hechizado a la población. El títere de Maese Villarejo está sentado en una peana situada a la altura del número ocho de la logroñesa Gran Vía. Ocupa el centro de una pequeña plazoleta circundada por cuatro o cinco bancos.
Hace apenas unos días, nadie reparaba en este rincón de Logroño. Las cosas ahora han cambiado drásticamente: parece haberse convertido en una de las referencias obligadas de la capital logroñesa. Ayer mismo, a la ocho en punto de la tarde, no menos de cien personas visitaban el lugar. El artífice del cambio ha sido ese nuevo y pequeño vecino que acostumbra a llevar por el camino de la amargura a su inseparable enemiga, además de bruja, Ciriaca.
Los más pequeños
Andrea tiene cinco años y dice que se apellida «Morras-Luna-Millán-García». Acaba de hacerse una fotografía y está encantada. Asegura que Gorgorito es su amigo y que ha venido a verle porque es «muy gracioso» y que la bruja «nos quiere dar un susto» y también que «es un poco mala».
Víctor es su hermano y aprovecha un descanso entre gominolas para afirmar que «está muy bien» eso de que que Gorgorito ahora viva en Logroño. Marina y Mario, Mónica y Rubén son niños logroñeses que también aprovecharon la jornada dominical para visitar al ilustre vecino de trapo.
La casa de Gorgorito está siempre llena y él ni siquiera se inmuta: es más, parece que le encanta porque sonríe en todas las fotografías. Los papás y los abuelos que abarrotan este rincón de la Gran Vía también están encantados: saben que el nuevo vecino es de confianza, hace más de cincuenta años que le conocen.






