
Esos mensajes acusaron también a Estados Unidos de sembrar cizaña entre los chiíes y conminaron a las fuerzas de seguridad locales «a no luchar contra sus hermanos». «Doy una última advertencia al Gobierno para que elija el camino de la paz y pare la violencia contra su propio pueblo; si no, será un Gobierno de destrucción», subrayaba en su mensaje el líder radical insurgente chií, que lidera una milicia de 60.000 hombres.
Es que desde hace días, las tropas iraquíes y norteamericanas mantienen enfrentamientos intermitentes con los milicianos en Ciudad Sadr. Allí, las unidades estadounidenses han empezado a construir un muro para evitar los disparos de cohetes y morteros contra el resto de Bagdad. Fuentes médicas y de los servicios de seguridad informaron de ocho muertos rebrotes de violencia durante la madrugada de ayer.
«Seguro» en Irán
Rice, enclaustrada en la 'zona verde' desde que el sábado llegó por sorpresa a Bagdad, declaró que desconocía la seriedad de las intenciones de Al-Sadr, que se encuentra actualmente en Irán y no ha aparecido en público en su país natal desde hace un año. «Sus seguidores pueden ir a la muerte por sus palabras y él seguirá en un lugar seguro», afirmó Rice
La jefa de la diplomacia de la Casa Blanca viajó para apoyar lo que denominó el nuevo «núcleo» político iraquí que forman los líderes suníes, chiíes y kurdos contra las milicias. Ya nada más bajar del avión, manifestó su total apoyo a la gestión del Ejecutivo liderado por el primer ministro chií, Nuri al-Maliki contra el movimiento de Al-Sadr.
Rice tiene previsto participar mañana en una conferencia internacional de países vecinos de Irak en Kuwait. En este sentido, hizo un llamamiento a los estados árabes suníes para que hagan frente a «sus obligaciones» con Irak, que es mayoritariamente chií. La cita de Kuwait es la tercera de este tipo tras las de Sharm al-Sheij y Estambul, celebradas en mayo y noviembre de 2007, respectivamente.







