Vistas así las cosas, poco se puede argumentar contra el canon digital concebido como instrumento compensatorio de los derechos de autor y poco más se puede hacer en el ámbito cultural hasta que las tecnologías y el derecho encuentren fórmulas racionales para retribuir en justicia a los creadores. Con todo, la aplicación indiscriminada del canon sigue suscitando dudas, ya que no todos los usuarios de teléfonos móviles, ordenadores y mp3 son piratas, se descargan ilegalmente archivos musicales o de vídeo y se dedican a comercializar los mismos sin respeto a los derechos de autor.
Por lo demás, la gestión de la SGAE en Euskadi sigue boyante en sus colaboraciones institucionales y en sus presentaciones, quedando pendiente ese objetivo fundamental que es la reconstrucción del Teatro Campos. Una reconstrucción que se demora demasiado, por otra parte, ya que como ha dicho el ministro César Antonio Molina, si en tres años se construye un aeropuerto, resulta inconcebible que las infraestructuras culturales tarden nueve y hasta diez años en terminarse.







