Poco después aparecía una veintena de agentes del Ministerio del Interior. Las Damas de Blanco se sentaron en una acera agarradas por los brazos. Las policías les pidieron que se separaran, pero ellas se negaron. Entonces emplearon la fuerza y, a rastras, las introdujeron en un autobús en el que las llevaron a sus domicilios. «No están detenidas, las vamos a sacar de aquí», explicó una agente. Una de las mujeres reprimidas gritó mientras era forzada a subir al trasporte: «Están muriendo, están muriendo».
Simultáneamente, un centenar de simpatizantes del Gobierno -féminas mayoritariamente- llegados desde edificios de oficinas y residencias vecinas, coreaban: «¿Pin pon fuera, abajo la gusanera!».
Laura Pollán, esposa de Héctor Maseda y portavoz del grupo galardonado con el Premio Sajarov de los Derechos Humanos, dijo antes de la intervención policial que «lo importante es que estamos en la Plaza, que siempre nos habían planteado que no podíamos llegar y aquí estamos para pedir la libertad de nuestros presos». «No nos iremos hasta que ellos sean liberados. Hemos esperado lo suficiente, queremos hablar con el nuevo presidente», añadió. Hace tres años también llegaron ahí, pero igualmente su plantón fue disuelto.







