Según destacaron, en los últimos tiempos las filtraciones no sólo han hecho estragos en las clases, también han afectado «a pasillos, al ascensor, a las escaleras de acceso del primer al segundo piso e incluso al comedor». Por eso, la existencia de recipientes repartidos por la escuela para evitar charcos ya no sorprende a los pequeños. Pero los problemas no acaban ahí. El inmueble también sufre humedades en los vestuarios de los gimnasios y en las ventanas, que cierran mal y tienen la madera podrida. El catálogo de deficiencias es largo. «Y con los años los fallos van a más, aunque las instituciones parecen no tener prisa en solucionarlos», detallaron desde el centro.
«Mínimo de calidad»
De este modo, en los últimos cuatro años, tanto la dirección del colegio, como la Asociación de Madres y Padres y el Consejo Escolar han urgido al Ayuntamiento de Bilbao y al Departamento de Educación del Gobierno vasco a que acometieran las reparaciones en el edificio para poder impartir clases con un «mínimo de calidad». Sin embargo, hasta el momento no han obtenido una respuesta «efectiva». «Nos da la sensación de que se pasan la pelota. Y algunos operarios del servicio de mantenimiento municipal se niegan a subir al tejado a trabajar por lo mal que está», clamaron.
Por su parte, el Ayuntamiento insistió ayer que su personal arregla las deficiencias que con regularidad van surgiendo en el tejado «cuando hace mal tiempo y se mueven las tejas, si bien los arreglos no se realizan cuando llueve para evitar accidentes». Además, avanzaron que recientemente se ha iniciado la elaboración de un estudio sobre el estado de todos los colegios de la villa. Cuando se conozcan los resultados, «se establecerán unas prioridades y se acometerán arreglos en los centros que lo precisen», aseguraron fuentes municipales, que subrayaron que estas obras corren también a cargo del Gobierno vasco.





