
LO MEJOR LO PEOR
Lo que quedó demostrado es que sir Alex Ferguson estudia los partidos como nadie. ¿Quién dijo que el Manchester no sabe encerrarse para defender un resultado? En cuanto el técnico detectó en el primer tiempo síntomas de que el partido podía convertirse en un choque de ida y vuelta, ordenó a Rooney que diera dos pasos atrás y lo reconvirtió en un falso interior adelantado cuando atacaba el Barça. La maniobra, inesperada, tuvo efectos inmediatos. Iniesta perdió su espacio y obligó a los locales a cargar todo el juego en las botas de Messi, al que todavía le falta un punto de velocidad para recuperar su magia. Lo intentó todo el crack argentino, pero la barrera dispuesta por los ingleses era infranqueable. Ni siquiera los rebotes le beneficiaron.
El otro futbolista que regresó al 'once' titular tras recuperarse de una lesión fue Deco. El portugués está a años luz del jugador de 2006, el hombre encargado de marcar los tiempos de los encuentros fundamentales de aquella 'Champions' ante el Chelsea y el Milan. No se le puede reprochar su compromiso frente el Manchester, pero está lento, pesado, sin ideas. Y cómo lo notó su equipo. Si Deco se atasca el fútbol de los culés pierde muchos enteros. Zambrotta intentó echar un cable para oxigenar el balón, pero sólo consiguió que los tres compañeros acabaran molestándose y tocaran la pelota a un metro uno del otro, sin posibilidad de profundizar para hacer daño.
Equipo sufridor
La videoteca de Ferguson ha debido funcionar a un ritmo frenético en los últimos días. Y, si algo es palpable en este Barça es que, quién lo diría, sufre cuando siempre tiene que proponerlo todo. Por eso, cuando Cristiano Ronaldo falló en el minuto 1 el penalti que olía a defunción local, los británicos se olvidaron de su esquema abierto y le dieron a los culés un regalo envenenado: la posesión. Ellos, mientras tanto, esperaban, agazapados. Con una colocación perfecta, desbarataron la línea de creación local hasta convertirla en vulgar y previsible... hasta la segunda parte. La afición, generosa hasta el máximo, se entregó por completo a pesar de la crisis y, aunque no llegó a encandilar, el Barcelona se fue con desparpajo a por el partido y se dio una paliza física de mucho cuidado.
La metaformosis, no obstante, no fue únicamente emotiva. Rijkaard vio que el tándem Deco-Messi no funcionaba y le dio las llaves del choque a Xavi, que ejerció de capitán en todos los sentidos. Iniesta se cambió a la banda derecha y Bojan, que había entrado por un Messi fundido, se colocó en la izquierda. Eto'o también encontró su sitio y su ayuda fue primordial para que el equipo viera el campo más ancho. No eran ataques alocados, sino que se buscaba en todo momento la mejor opción para hacer peligro. Eso sí, sin olvidar la retaguardia. Rooney casi no participó en ataque, pero Cristiano Ronaldo llevaba el murmullo a las gradas cada vez que metía el turbo y encaraba. Es grande este futbolista.
La creación, sin embargo, desapareció a diez minutos del final, Rijkaard debió pensar que era preferible mantener la portería a cero que jugársela y tirar por la borda el trabajo a destajo realizado hasta entonces. Al fin y al cabo queda el partido de Manchester y, aunque el empate a cero no era el resultado deseado, deja el cruce muy abierto. No se le puede pedir más a un Barça que llegaba al choque acobardado. Así lo entendieron también los seguidores, que animaron sin parar y que abandonaron el Nou Camp con la esperanza de que el sueño de Moscú todavía es posible.
El derroche de los locales fue encomiable y, con ello, se ganaron el derecho a tener fe. En el partido de vuelta, en Inglaterra, Messi y Deco estarán más rodados y el que deberá arriesgar será el Manchester.






