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Economía

SECTOR ELÉCTRICO
Las condiciones de Galán y el alejamiento de EDF frenan la fusión de Iberdrola y Gas Natural
El presidente de la eléctrica se opone a una operación que dé el control a La Caixa y Repsol y que no beneficie al resto de accionistas de la compañía

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Las condiciones de Galán y el alejamiento de EDF frenan la fusión de Iberdrola y Gas Natural
BILBAO. Ignacio Sánchez Galán, a la izquierda, durante la reciente junta de accionistas. / IGNACIO PÉREZ
La fusión de Iberdrola y Gas Natural ha entrado en un 'punto muerto', según fuentes de ambas partes. El principal motivo de desacuerdo es que el presidente de la eléctrica, Ignacio Sánchez Galán, ha dejado bien claro que no va a permitir que los dos grandes accionistas del grupo gasista -La Caixa y Repsol- aprovechen esta operación para hacerse con el control de la compañía por 'la puerta de atrás', sin pagar lo que vale. Y parece que, por ahora, no hay ningún planteamiento alternativo que solucione este problema. A todo ello se suma el aparente alejamiento de la amenaza de una OPA hostil por parte del gigante francés EDF, que en la actualidad está volcado en la puja abierta por British Energy, el mayor operador nuclear de Reino Unido.

La integración de Iberdrola y Gas Natural es un viejo proyecto que se desempolvó a principios de este año ante las constantes especulaciones sobre un posible asalto a la eléctrica vasca por parte de EDF y la constructora española ACS, en la actualidad el principal accionista de la compañía. La operación, que daría el pistoletazo de salida a la esperada reordenación energética, contaba con el apoyo del Gobierno -en especial del vicepresidente económico, Pedro Solbes-, que veía en ella una buena solución para blindar al sector de los gigantes extranjeros y, a la vez, acabar con la inestabilidad interna -al Ejecutivo le preocupa el enfrentamiento entre Galán y el presidente de ACS, Florentino Pérez, que es el origen de la incertidumbre reinante-.

Con estos mimbres, parecía que la operación avanzaba rápido y que sólo faltaba la formación del nuevo Gobierno para darle el impulso definitivo. Pero quedaban importantes cabos sueltos que no se han conseguido atar.

El principal de ellos es que, de acuerdo con el planteamiento que hay sobre la mesa, La Caixa y Repsol alcanzarían, en virtud del canje de acciones, cerca de un 17% del grupo resultante de la fusión, lo que sumado al 13% que adquirirían directamente a ACS les otorgaría una posición de dominio que roza el 30%. Los actuales accionistas de Iberdrola, con la BBK a la cabeza, sufrirían una gran dilución.

Como resultado, se daría la paradoja de que los propietarios del 'pez pequeño' -Gas Natural vale en Bolsa 17.000 millones frente a los cerca de 48.000 de Iberdrola- se convertirían en 'dueños y señores' del grande.

A este respecto, Galán ya advirtió justo ante de la celebración de la junta de accionistas que quien quiera el control de Iberdrola deberá pagar su precio y lanzó la cifra de 100.000 millones de euros - el doble de la capitalización bursátil-.

Contrapeso

Como ya se ha apuntado en este periódico, una de las opciones que se ha barajado para compensar el poder que alcanzarían La Caixa y Repsol es buscar otro inversor que ejerza de contrapeso. Se ha sondeado a Caja Madrid, pero sin ningún éxito.

En estas circunstancias, hasta que se encuentre un nuevo esquema que satisfaga a todas las partes no habrá fusión. «Con el actual planteamiento no hay nada que hacer», apuntan fuentes de Iberdrola, que recuerdan el compromiso que asumió Galán con sus accionistas durante la celebración de la junta en Bilbao. El presidente de la eléctrica aseguró entonces que no aceptará ninguna operación que sea dilutiva para el beneficio por acción o que deteriore la solidez financiera de la compañía. Es decir, que no apoyará una ecuación de canje que no reconozca el valor de Iberdrola y permita a sus accionistas seguir ganando dinero.

Aunque esta posición es legítima, también es cierto que, a corto plazo, un proyecto de fusión nunca va a impulsar una acción como la perspectiva de una OPA hostil, en la que hay que poner mucho dinero sobre la mesa para ganar el apoyo de los accionistas. De hecho, esta regla financiera ya se está cumpliendo en el caso de Iberdrola. Desde que cobró fuerza la posibilidad de una integración con Gas Natural, su cotización no ha parado de caer hasta cerrar ayer a 9,55. En noviembre, en plena efervescencia de los rumores de un ataque por parte de EDF, llegó a tocar los 12.

«No hay que mirar sólo el corto plazo sino decidir qué futuro se quiere y si la fusión de Iberdrola y Gas Natural es un buen proyecto industrial», apuntan fuentes cercanas al operador gasista. También señalan que uno de los objetivos de esta operación es justo blindar a la eléctrica vasca ante un asalto de un gigante extranjero y para eso es necesario que el grupo resultante de la fusión tenga un accionariado estable y fuerte. A su juicio, La Caixa y Repsol proporcionarían esta seguridad.

Pese al esfuerzo que ha realizado Iberdrola para ganar tamaño con las compras de la escocesa Scottish Power y la norteamericana Energy East, la posibilidad de un ataque por parte de EDF ha puesto en evidencia su vulnerabilidad. Aunque ahora el gigante francés está centrada en otro objetivo, siempre puede volver.
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