
Un equipo de once expertos en emergencias, incluida una dotación de Bomberos de Bilbao, esperaban la señal poco antes de que los relojes de la estación marcaran las doce. Tal y como estaba previsto, minutos antes de la madrugada, el andén de Indautxu se 'incendió' y una masa de humo se propagó por toda la bóveda, avanzó por los túneles, por las escaleras y, una vez en la calle, engulló el fosterito de Doctor Areilza. Por primera vez, los responsables de emergencias del Metro pudieron recrear en su verdadera dimensión la humareda que generaría un incendio real. «Hasta ahora, nunca habíamos conseguido crear humo suficiente», comentó Castaño. Esta vez, un nuevo aparato cedido por la Diputación, diseñado para ambientar espectáculos, nubló la visión en toda la estación en cuestión de segundos. Eso sí, con humo inocuo y frío, generado mediante una combinación de sustancias líquidas y nitrógeno.
El único fin del ensayo era comprobar el funcionamiento de los ventiladores de emergencia, encargados de extraer el humo e impulsar aire limpio. Así pues, cuando las alarmas de incendio se activaron en el puesto de mando del suburbano, cuatro enormes ventiladores ubicados en cada extremo de la estación entraron en funcionamiento. En total, la red de metro tiene 66 aparatos de extracción de humos con una capacidad de absorción de 90 metros cúbicos por segundo, esto supone una capacidad similar a la de 520 extractores de cocina juntos.
Con un ruido ensordecedor, el sistema demostró su eficiencia. Los ventiladores, pese a que trabajaban a media potencia, se 'comieron' todo el humo en apenas 40 segundos. Mientras la nube se esfumaba de la calle, las rejillas de ventilación, ubicadas en la confluencia de Doctor Areilza y alameda Urquijo, se convertían en un géiser de humo. Fue el primer ensayo, pero le siguieron otros nueve con el foco del incendio en distintas ubicaciones -andén, vestíbulo y escaleras- y con distintas modalidades de extracción.
El equipo de emergencias eligió Indautxu «porque es representativa de una tipología de estación con varias salidas, como Abando o Moyua». El siguiente ensayo será en Sarriko, con una única salida como Basarrate o Ansio.
El de Bilbao no fue el único simulacro de la noche. En Plentzia, otra dotación de bomberos se entrenaba para actuar en caso de incendio. Según Castaño, «sin que lo sepa nadie, los bomberos de uno u otro cuerpo hacen prácticas nocturnas en Metro Bilbao unos 160 días al año». El objetivo es que «un bombero entre al metro y con los ojos cerrados sepa lo que se va a encontrar. Se trata de conocer el incendio antes de que se produzca», resumió este responsable.





