
El 90% del agua que se consume en Vitoria llega de los embalses, aunque también existen otras fuentes de suministro alternativas. Se trata, básicamente, de las captaciones de emergencia de Nanclares y del nacedero de Araia.
Por eso, el Ayuntamiento quire abrir una tercera vía de abastecimiento «de emergencia» gracias al pequeño embalse de Albina, situado cerca de la localidad alavesa de Legutiano. Fue construida después de la Guerra Civil y sus cerca de 6 hectómetros cúbicos de capacidad aportan un caudal de 140 litros. En la práctica, serviría para colmar las necesidades de Vitoria durante unos quince días.
Pero recurrir a Albina presenta un reto importante para el Consistorio, ya que su agua es de mala calidad porque está muy mineralizada. Bully aseguró que este líquido «no tiene los componentes más recomendables para beber, pero con una depuración especial se puede convertir en potable».
Por tanto, el proyecto deberá incluir el desdoblamiento de la actual red que lleva agua de Araka a Albina para que el líquido también pueda transitar en sentido inverso, lo que permitiría mandarla después a Vitoria. El plan también deberá tener en cuenta la necesidad de contar con un sistema especial de depuración.
Desembalse
Por otro lado, las compuertas del embalse de Ullíbarri volvieron a abrirse en la tarde de ayer para descargar el nivel de los pantanos, que por la mañana rozaron un preocupante 91% de capacidad. Este desembalse «controlado» -matizó el edil socialista- será de 5 metros cúbicos por segundo, lo que tendrá una incidencia «casi inapreciable sobre el Zadorra».
El edil añadió que Iberdrola también ha comenzado a turbinar en Urrúnaga a 30 metros por segundo.
i.cueto@diario-elcorreo.com









