
En concreto, el número de préstamos personales concedidos bajó un 30% entre enero y marzo, mientras que en los destinados a la adquisición de automóviles el descenso interanual fue de entre el 6% y el 10%, lejos de las subidas de dos dígitos de 2007. Por ello, desde esas empresas dedicadas a la financiación se aplaude cualquier medida que favorezca la inversión en vivienda y el consumo en general, como las incluidas en el plan de estímulo económico aprobado hace una semana por el Gobierno, si bien advierten de que aún es «muy pronto» para valorar cuáles serán sus efectos.
No obstante, la importancia del sector es relativa dentro del total de préstamos concedidos a los hogares (103.375 millones de euros al cierre de 2007), pues el consumo supone sólo uno de cada veinte euros concedidos, mientras que siete de cada diez corresponden a las hipotecas de vivienda.
Sector fuerte
Tras las 8,8 millones de operaciones nuevas anotadas el año pasado, el saldo vivo de los créditos al consumo se aproximaba a 39.420 millones de euros (la mayoría con vencimiento anual o inferior), de los que casi dos tercios (25.706 millones) se vinculaban a la actividad automovilística, verdadero motor de este negocio financiero. La suma media solicitada para pagar un coche fue de 14.240 euros, mientras que para otros bienes bajó a los 2.890 euros.
Desde la Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Créditos (ASNEF), principal patronal del sector y aglutinadora del 90% de su actividad, la fortaleza del mismo está aún fuera de duda, pese a la desaceleración observada en sus ritmos de crecimiento desde otoño pasado y que ha culminado con las primeras caídas registradas entre enero y marzo, algo desconocido para sus responsables desde la grave crisis económica de 1993. La explicación a este cambio de tendencia es la misma que se ha venido dando en las últimas semanas para otras actividades: la notable moderación económica ha provocado un aumento del desempleo, que a su vez ha mermado la demanda de los consumidores, cuyo índice de confianza también se ha resentido.
Aunque desde la patronal sectorial se insistió en que sus socios no tienen problemas de solvencia, lo cierto es que la tasa de morosidad repuntó un 20% el año pasado al aumentar los incumplimientos de las cargas financieras por parte de los particulares, lo que hizo que en los últimos seis meses un total de 3 millones de personas y 4 millones de operaciones pendientes engrosaran el fichero de impagados. No obstante, las entidades argumentaron que dicha tasa (ahora situada en el 3,28% frente al 2,72% con que acabó 2006) está aún por debajo de la media europea.





