
LOS DATOS
El poeta subrayó que su conocimiento poético es la suma de tradiciones y lecturas extremas. Hace años leyó muchos haikus, -poesía japonesa- «me sirvió para el cultivo de la imagen»-, tradujo mucha poesía del movimiento llamado imaginismo, que anhela un contacto directo con el mundo exterior, y no un contacto hermético, que sería en realidad como una cópula del poeta con el poeta.
El encuentro con las culturas ancestrales de la Amazonia, con su visión animista y oral, junto a otras tendencias más actualizadas, se fundieron en un estilo narrativo de voz propia que parece no admitir imitaciones. «Fue lo primero que oí de niño y esa oralidad se puede trasladar a la poesía en un momento», señaló este amante de la palabra coloquial, callejera.
Premio Cervantes
No trató al poeta Gelman, flamante premio Cervantes, pero dice respetarlo. «A pesar de haber sufrido uno de los golpes más crueles de las dictaduras latinoamericanas, transmite su poesía, pero de modo oblicuo; no es un poeta en el que lo central sea el discurso político, sino la poesía. Un premio bien merecido», opinó.
Nicanor Parra, tres veces postulado sin éxito al Nobel, ha sido en cierta manera uno de sus modelos. «Su poesía es humor e ironía, pero dice cosas tremendamente serias. He optado por ese modelo poético», comentó.
¿Más allá de los puntuales encuentros poéticos y festivales del verso, cada país latinoamericano va por libre en lo literario?, se le interrogó. «Se crea una especie de cofradía secreta, pero se cierra esa noción de frontera cuando se reúnen. La poesía tiene aún cierta marginalidad».
Reconoce que la literatura y poesía latinoamericanas tiene difícil acomodo en Estados Unidos.
«La cultura norteamericana está muy especializada. El interés recae en pocos, que son los que la estudian. Vienen alumos hispanos de Miami, pero apenas hablan español y tienen muy poco interés por su cultura».






