
El debate abierto por un concejal de Madrid, con el apoyo de Esperanza Aguirre, a favor de la celebración de elecciones primarias para designar al candidato a La Moncloa no inquieta al presidente de los populares ni parece que le haga temer por la fortaleza de su liderazgo para afrontar una nueva carrera hacia La Moncloa. Al mezclar las dos candidaturas en una misma opción, Rajoy demuestra que quiere salir del cónclave de Valencia investido como aspirante a jefe del Ejecutivo, en respuesta a quienes quieren debilitar sus opciones cuestionando el sistema de elección.
Al pedir el apoyo de las bases -en una reunión de interventores y apoderados castellano-manchegos, donde recibió el apoyo de María Dolores de Cospedal-, prometió que en el congreso habrá «todo el debate interno que se quiera», pero aclaró que la cita tendrá que limitarse «a trabajar con seriedad y rigor» para presentar al PP como un partido con un mensaje político que llegue a todos los españoles.
En este tercer acto de su recorrido por España en busca de respaldo, desgranó con más detalle los fundamentos de su proyecto para competir por el poder con los socialistas. Rajoy quiere recuperar las esencias sobre las que se asentó la refundación de Alianza Popular en 1989, gracias a la concentración de todo el centro derecha sobre el espíritu heredado de UCD.
Recordó la condición social y liberal del PP como principios «irrenunciables». «Además de la libertad, este partido defiende la igualdad y que si a alguien le va mal o tiene un problema lo lógico es que el Estado le ayude», apuntó tras defender el liberalismo y la no intervención estatal. «Esos son los pilares básicos y los que impregnan todo nuestro proyecto político», abundó como respuesta a los planteamientos de un mayor liberalismo que propugna Aguirre.
Unido y abierto
Rajoy prometió trabajar para que el PP sea «un partido unido y abierto», también en línea con el proceso que alumbró el congreso de 1990 y con el que José María Aznar lideró el proyecto que permitió al centro derecha español llegar al poder en 1996. El candidato a la reelección rememoró la antigua división de la derecha en múltiples partidos y recordó que, como AP, llegó a presentarse a las elecciones coaligado hasta con cinco formaciones políticas distintas. «En el 89 se hizo una de las operaciones más importantes», comentó en alusión al congreso de refundación.
Rajoy encontró el apoyo de dirigentes del partido, que pidieron dejar a un lado el debate sobre las primarias. En este bando se situaron la portavoz en el Congreso Soraya Sáenz de Santamaría y el gallego Alberto Núñez Feijóo, que reclamaron «no perder más tiempo» con estas cuestiones. También otros líderes llamaron a la seriedad y la prudencia; entre ellos, el presidente en Vizcaya, Antonio Basagoiti, quien previno de que el debate no se utilice «para cuestionar a nadie».
Un análisis diferente ofreció el PSOE. Su secretario de Organización, José Blanco, atacó al presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, del que dijo que está aprovechando la polémica sobre el agua «como estrategia para su promoción personal dentro del PP». Blanco aseguró que este 'barón' popular «aplaude» a Rajoy «para intentar sustituirle en 2011, porque nadie da un duro» por el actual presidente del PP.







