
'Lugar de encuentros' es el nombre de la piedra que, a modo de homenaje, engalanará un rincón de la plaza de Cruces, antesala del hospital de referencia en Euskadi. Ocho toneladas de reconocimiento en forma de roca caliza, labrada en basto y a golpe de puntero por el escultor guipuzcoano Xebas Larrañaga. «No es más que una forma humilde de dar las gracias a todos esos héroes anónimos que a diario, y sin pedir nada a cambio, regalan vidas», asegura el autor.
Será el primer monumento que honrará a los donantes en el País Vasco, región caritativa por excelencia. Tampoco en el resto de España se conocen ejemplos similares. La iniciativa surgió hace ya cuatro años entre los integrantes de Renacer, asociación de trasplantados y enfermos hepáticos. «Quienes vivimos con un órgano de otra persona sólo podemos dar gracias. Una y otra vez. Quisimos hacerlo de una forma constante y pensamos en una escultura», argumenta el portavoz del colectivo, Esteban Zubizarreta.
El camino para modelar 'Lugar de encuentros', sin embargo, no resultó fácil. Larrañaga se prestó para dar forma al homenaje por un precio «simbólico», apenas un tercio de su valor real. Pero conseguir la financiación no fue sencillo. Renacer se puso en contacto con todos los ayuntamientos vizcaínos para solicitar una módica financiación de 300 euros, aunque la mayoría de las instituciones locales ni siquiera respondieron. Sólo los consistorios de la comarca de Uribe Costa se mostraron sensibilizados con la iniciativa y una placa junto a la escultura reconocerá su esfuerzo.
Siete meses
La implicación municipal, finalmente, dio luz verde al proyecto y Larrañaga se puso manos a la obra, que le ha llevado siete meses. Una gran mole abstracta de tres metros de altura emerge del suelo en Barakaldo. Se asemeja a un robusto tronco que se divide a media altura en tres ramas, una de ellas partida por la mitad. «Hace referencia a que todos somos parte de lo mismo y recuerda que la muerte de una persona puede salvar otras vidas», explica el artista.
El monolito, además, adopta un aire prehistórico que recuerda en su forma a un dolmen y en su espíritu, a «los orígenes del hombre». «Es a lo que me retrotrae a mí el tema de las donaciones», reconoce Larrañaga, ansioso por inaugurar su obra. El monumento vasco a los donantes espera paciente frente al hospital de Cruces. Hoy, y ante la presencia de destacados cargos de Osakidetza, será descubierto.





