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Cinco años en defensa de Gurpegui
Caramés, abogado y confidente del jugador, resalta que la estrategia de aplazar el cumplimiento de la pena ha permitido al navarro volver a jugar en Primera

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Cinco años en defensa de Gurpegui
ATENTOS. Jorge Caramés, en primer plano, y su compañero de despacho David Fernández de Retana. / FERNANDO GÓMEZ
Jorge Caramés está particularmente orgulloso de haber sido el abogado defensor de Carlos Gurpegui. Junto a David Fernández de Retana, compañero del despacho Uría y Menéndez, ha sido a la vez letrado y confidente del jugador. El defensor se sumergió en el caso cinco años atrás, cuando a principios de diciembre de 2002 la Federación Española de Fútbol notificó al Athletic que el centrocampista había dado positivo en las muestras de orina tomadas el 1 de septiembre de aquel año en Anoeta.

Al poco de que Andoni Zubizarreta (entonces director deportivo) y Fernando Ochoa (en aquel momento gerente del Athletic) le pusieran al tanto de lo sucedido, Caramés celebra la primera de sus muchísimas entrevistas con Gurpegui. «Contacto con él para conocer su explicación de los hechos. Él se muestra absolutamente extrañado por la noticia».

El letrado, que representa al de Andosilla, aunque ha cobrado sus minutas del club, se entrevista también con el entonces jefe de los servicios médicos, Sabino Padilla. «Creo lo que me dijo. Me explicó que es un hombre muy versado en la materia, que no va a pasar a 160 kilómetros por hora en una zona en la que sabe que hay radares».

Los niveles de 19-norandrosterona que dio Gurpegui eran superiores al límite máximo establecido de 2 nanogramos por mililitro en orina. Los estudios científicos revelan que, a no ser que haya una producción endógena, es necesario consumir nandrolona para alcanzar esta tasa. «La nandrolona sirve para muscular y eso es algo que siempre le ha sobrado a Carlos. Darle nandrolona a Gurpegui es como darle algo para crecer al Príncipe».

Desde el inicio del caso, Caramés se marcó un doble objetivo. De un lado, plantear una dura batalla judicial para retrasar en lo posible el inicio del periodo de sanción. Del otro, defender la inocencia del futbolista. En este apartado no ha podido triunfar, porque Gurpegui ha cumplido finalmente la pena de dos años. Sin embargo, el letrado puede jactarse de que su intervención ha tenido una influencia esencial, segun dice, en la carrera del jugador.

En febrero de 2003 el Comité de Competición de la Federación acuerda incoar expediente disciplinario y suspende provisionalmente la licencia del jugador. Gurpegui tiene entonces 22 años y apenas había jugado 23 partidos en Primera. Cumple durante dos meses la primera parte de la sanción. Hasta que Caramés y Fernández de Retana logran que dos meses después el Comité Español de Disciplina Deportiva revoque la suspensión provisional, lo que le permite volver a jugar, situación que se prolonga durante tres años, hasta que en agosto de 2006 la Audiencia Nacional desestima el recurso e impone que el castigo se reanude de forma definitiva.

Estos tres años de actividad, entre el positivo y el inicio del grueso de la sanción, es el principal logro de los letrados. «De haber empezado a cumplir la sanción cuando es condenado por Competición, habría estado dos años parado en el peor momento, cuando empezaba su carrera. Eso hubiera significado condenarle a su no desarrollo deportivo y, probablemente, hoy no sería jugador de Primera. Habría acabado abandonando el club. Los recursos le han permitido consolidarse como futbolista de Primera y firmar contratos como tal. Se ha logrado que cumpla el grueso del castigo cuando era un jugador ya hecho (con 125 partidos como rojiblanco). Si no llega a ser así, hoy igual está en Segunda A o Segunda B. Ésta ha sido la parte buena de esta historia».

Caramés siempre ha tratado de que el jugador comprenda su situación con la mayor claridad posible. Su empeño ha sido convencerle de que los dos años sin jugar podían ser interpretados como parte de la fluctuante carrera de un futbolista. «Le puse el ejemplo de Orbaiz, que estuvo año y medio sin jugar por la rodilla. Le decía 'tomátelo como una lesión larga. Orbaiz ha vuelto al mismo nivel competitivo que tenía y tú puedes hacer lo mismo'. Así lo asumió».

Nada de vacaciones

Pese a lo que le cayó encima, Gurpegui nunca se ha venido abajo. «En lugar de entender que tenía año y medio de vacaciones, se ha dedicado a entrenar con todas las ganas». El navarro pensó en cómo ocupar las horas vacías. Tenía que encontrar algo que le mantuviera ocupado hasta que pudiera jugar. Gurpegui invirtió su tiempo en obtener el título de entrenador regional y en volcarse con una ONG de ayuda a niños desfavorecidos de Perú. «Para mí, Carlos ha sido un descubrimiento. Ha resultado ser un tipo magnífico. Se ha visto sobresapado por todo lo sucedido, pero a la vez ha estado muy entero y tranquilo, porque se sabía del todo inocente».

Caramés resalta que cualquier otro en el lugar de Gurpegui se habría vuelto un amargado. «Creo que en su favor han concurrido dos circunstancias muy favorables. De un lado, hablamos de un chico con la cabeza bien amueblada porque le han educado para tenerla así. De otra parte, ha contado con la suerte de formar parte de una familia muy estructurada. Sus padres le han arropado en todo momento y han estado muy cerca de él».

Aferrado a su familia para mantener el equilibrio, han sido los progenitores quienes más al tanto han estado de las visicitudes del caso. «Me han llamado mil veces para preguntarme cosas. Él ha permanecido más al margen del día a día. Supongo que será porque sus padres le tenían al tanto de todo». Eso sí, Caramés ha alcanzado un alto grado de cercanía con el deportista. «Es un chico con el que da gusto hablar. De hecho, han sido muchas las ocasiones en las que me he puesto en contacto con él para intercambiar opiniones».

Gurpegui ya ha pagado su pena. Ahora vuelve a los campos. Quizá se vea obligado a soportar de nuevo insultos como «yonqui» y «drogadicto». Que se anden con cuidado quienes los escupan. El club va a estar muy atento a ellos porque está convencido de que de producirse, habrá materia para que intervenga la Comisión Nacional Antiviolencia.

Caramés viaja el domingo a Madrid para ser testigo privilegiado del regreso a los campos. Atrás queda su frustración porque la inconsistencia del caso no le he servido para impedir el castigo del jugador.

El letrado ha llegado a sus propias conclusiones. «Para las autoridades deportivas era el supuesto perfecto: un club de fútbol, con toda la repercusión que tiene, una entidad muy importante y por último le toca a un chico que empieza». Caramés cierra su boceto cuando traza una línea entre este escenario y Padilla. Ya tiene el dibujo final. «En el CSD querían saldar cuentas con el médico. Han pegado en el culo de Gurpegui las patadas que querían dar a Padilla». Pero el epílogo ha llegado. Caramés está encantado de desaparecer de la actualidad rojiblanca y dar todo el protagonismo a su apreciado Gurpegui.
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