Estos profesionales viven en primera línea el constante trasiego de estas cuadrillas de juerguistas. La calle Laurel, sus pinchos y sus vinos son una de las referencias obligadas en toda visita a la ciudad. En consecuencia, no hay despedida de soltero que no dedique un rato a picotear entre sus barras. No hay que olvidar en este punto que, cada fin de semana, son casi una veintena los grupos que recalan en la ciudad.
Tal es la preocupación de los restauradores que la semana pasada se reunieron todos los miembros de la Asociación Hostelera La Laurel para buscar soluciones. Su presidente, Andrés Fernández, expuso la cuestión con claridad meridiana: una cosa es picotear con tranquilidad y otra tomarse al pie de la letra eso de que la última noche de soltería debe ser un desmadre.
No es normal, plantearon en la reunión, que «cuadrillas de veinte personas entren como animales en los bares y espanten a la clientela habitual». La calle, concluyeron, «no puede soportar este ritmo: parecen 'hooligans' que sólo vienen a beber». Por todo ello, acordaron solicitar mayor presencia policial en la zona y plantearon la posibilidad de llevar a cabo movilizaciones.
La respuesta llegó ayer mismo, al término de una reunión de la Junta Local de Seguridad. El delegado del Gobierno en La Rioja, José Antonio Ulecia, y el alcalde de Logroño, Tomás Santos, anunciaron que agentes de la Policía Nacional y la Policía Local patrullarán por la calle Laurel. El objetivo, precisaron, es garantizar una convivencia pacífica y tranquila entre los ciudadanos y las decenas de cuadrillas que festejan las despedidas de solteros.







