
La prueba está en las calles: basta como ejemplo salir un sábado cualquiera. Se les reconocerá por la abundancia de referencias fálicas y demás complementos que acumulan sus estrafalarios atuendos. No son dos ni cuatro los grupos que cada fin de semana festejan el final de la soltería. Un paseo por las calles Laurel o San Juan, las zonas de pinchos y chiquiteo por antonomasia de la ciudad, se saldará con el descubrimiento de, como mínimo, una decena cumplida de grupos dispuestos a poner broche de oro al último día de 'libertad' de un amigo.
Al calor del fenómeno, han surgido en Logroño algunas empresas especializadas en la organización de tan tradicionales jolgorios. Los socios fundadores de despedidassolteros.es, Rafael Sáez y Sergio Espinosa, apuntan que el auge de estas fiestas en la ciudad «es descomunal y totalmente desproporcionado». Calculan que la capital riojana acoge cerca de veinte despedidas cada fin de semana.
¿Cuál es la razón? En su opinión, el tamaño de la ciudad, la amplia oferta de ocio y el hecho de que no sea necesario utilizar el coche para desplazarse de un punto a otro son cuestiones determinantes. Los solteros y acompañantes que alternan en La Rioja proceden principalmente de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, Navarra, Zaragoza, Burgos y Soria, aunque tampoco escasean los grupos de madrileños y catalanes.
Logroño acaba de inaugurar la temporada alta de las despedidas, que discurre entre los meses de marzo y septiembre. Arrecian, por tanto, estas camarillas festivas. El número de integrantes de cada una oscila entre las seis y las treinta personas. Como manda la tradición, los grupos mixtos apenas se conocen, al menos en las primeras horas de la noche. Cabe señalar que las cuadrillas de chicas son tan animadas o más que las masculinas.
Vaquillas y globos
La oferta que proponen las empresas especializadas es amplia y variada: capeas, circuitos de 'karts' y viajes en globo, guerras de 'paintball', deportes de aventura y tablaos flamencos, también balnearios urbanos, visitas a bodegas y, naturalmente, los casi preceptivos 'stripteases', que aglutinan un amplísimo y ruborizante repertorio de posibilidades.
Según Sáez y Espinosa, el montante medio por un fin de semana de parranda organizado en la capital riojana se sitúa en torno a los 120 euros por persona. Naturalmente, copas, pinchos y demás atenciones corren aparte. En general, los grupos llegan el viernes a última hora o el sábado y, tras una densa y más que animada jornada sabatina, dejan la ciudad a lo largo del domingo, por lo general sumidos en una profunda resaca.
La mayoría, explican, contratan el alojamiento, una actividad y una cena. Los precios aumentan de acuerdo a la densidad del programa concertado. Por ejemplo, la factura por una capea con seis vaquillas y merendero ronda los 700 euros, mientras que un viaje en globo aerostático de una hora de duración con un pequeño almuerzo o merendola posterior cuesta unos 130 euros.
Las actividades más demandadas son las carreras de 'karts', las batallas de 'paintball' y también los 'quads'. No obstante, precisan, ha crecido la demanda de actividades más novedosas en este tipo de fiestas, como las visitas a las bodegas, los balnearios o los vuelos en avioneta. Al fin y al cabo, el objetivo es organizar un programa fascinante y original. No hay que olvidar que la tradición dice que la despedida de soltero es la última juerga en condiciones.







