
PERSONAL
Esta historia arranca cuando Begoña consiguió una beca del Gobierno vasco en el extranjero, relacionada con el mundo de la cooperación. El destino: China. «Fue una experiencia irrepetible», asegura. Se lo pasó tan bien que decidió que su periplo por el extranjero se iba a alargar. «Cada día era una aventura. ¿Hasta aprendí a hablar chino!», exclama.
Cuando concluyó la beca, Begoña se empeñó en conseguir un empleo que le permitiera tener una relación más directa con la gente. Y lo consiguió. Se marchó a América Latina para colaborar con una ONG, que le unió un año y medio a Ecuador y dos más a Nicaragua. Después, le surgió la posibilidad de trasladarse a El Salvador. Y hasta ahora. «Estoy en la ONG 'Educación sin fronteras' y soy la coordinadora del proyecto en este país. ¿Que quede claro que no nos tocamos las narices, como mucha gente piensa! Trabajamos para mejorar el acceso a la educación y formación ocupacional, les enseñamos a enfrentarse a la vida», explica. Está encantada.
«Menos ataduras»
Si algo ha aprendido esta bilbaína durante su estancia en el extranjero es a invertir su escala de valores. O, mejor dicho, a establecer prioridades. «Aquí la gente tiene menos ataduras y una vez que te amoldas es difícil renunciar a esto. Además, me asombra la lucha diaria que mantienen los salvadoreños por salir de la pobreza», revela. Y les admira. «Es digna de elogiar la alegría que conservan a pesar de sus circunstancias». Tan diferente es la vida allí que cada vez que regresa al País Vasco, el cambio es radical. «Me costaría mucho volver a adaptarme a Euskadi. De hecho, es curioso, pero cuando voy para allá no me hallo».
Begoña lo tiene muy claro: hay cosas que siempre se extrañan. Ella echa en falta, por ejemplo, poder degustar un «buen cocido». Y es que los manjares de la tierra se añoran. «En El Salvador sobre todo comen arroz y frijoles», destaca. Así que aprovecha para deleitarse con este sabroso plato siempre que vuelve a casa. «Como sólo regreso una vez al año, ama me pone lo que pido. ¿Me tiene a capricho!», resuelve.
Aunque está «muy contenta» en El Salvador, entre sus planes está cambiar de residencia dentro de poco tiempo. «Aún no tengo muy claro a dónde iré, pero llevo cinco años en América Latina y me encantaría cambiar de continente», revela. Así que el regreso al País Vasco queda descartado. Por el momento. «Con el tiempo, ya se verá», concluye.









