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ECONOMÍA
Crisis de verdad
27.04.08 -

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Crisis de verdad
SINTONÍA. Solbes saluda al presidente del Banco Central Europeo en presencia de Almunia. / AFP
Tras superar con éxito la cita electoral, después de meses de negar la evidencia, el nuevo Gobierno ha reconocido, por fin, la verdad: la crisis será larga y dolorosa. Lo que comenzó con un problema de unas hipotecas de baja calidad se ha convertido, pasados siete meses, en la crisis financiera más severa desde la Gran Depresión. Por si todavía albergábamos dudas, el último informe del FMI nos ha ayudado a despejarlas. En 2008 y 2009 la economía mundial crecerá en torno al 4%, lo cual aleja el fantasma de la recesión. El problema radica en que al bloque desarrollado se le asigna un modesto incremento del 1,3%. De este bloque el peor parado es Estados Unidos, que se ha convertido en el epicentro de la crisis. El informe deposita todas sus esperanzas en los países emergentes -entre otros, China, India y Rusia-, que en los últimos cinco años han sido responsables de dos terceras partes del crecimiento del PIB global.

Este escenario de 'divorcio' parte de la existencia de barreras que limitan el contagio entre sectores y áreas geográficas. Lo que no deja de ser un supuesto optimista en un mundo global, que no se ha dotado de mecanismos de coordinación eficaces. El riesgo más inmediato es que EE UU, que representa cerca de un tercio del PIB mundial, entre en una aguda recesión. Si esto ocurre, el comercio internacional se verá negativamente afectado. Y, lo que es más grave, dará pie a que las turbulencias financieras degeneren en una restricción crediticia a escala global. Una eventualidad a la que también contribuyen las dudas que atenazan a los bancos centrales, debido al conflicto existente entre la necesidad de calmar a los mercados y el control de las actuales tensiones inflacionistas. Dudas acentuadas por la falta de información sobre las pérdidas de la crisis, que el FMI cifra en un, insólito, billón de dólares.

Este entorno adverso ha sido muy inoportuno para la economía española, que en el verano de 2007 había iniciado ya la desaceleración. A partir de entonces, lo que parecía un constipado se ha convertido en pulmonía. Las previsiones del FMI no han hecho más que confirmar el diagnóstico: el crecimiento del PIB en 2008 y 2009 será el 1,8% y el 1,7%, respectivamente. Algunos analistas consideran, incluso, que la salida de la crisis será más larga de lo que dejan entrever esas cifras. El vicepresidente Solbes, aunque más optimista -2,3% de incremento en 2008- ha optado, también, por curarse en salud, declarando que España sólo recuperará su potencial al final de 2010 o principios de 2011. Nos hallamos ante una legislatura de vacas flacas. Un período que en su primera mitad promete ser, además, conflictivo: diferencial de inflación elevado, aumento de la tasa de paro y notable recorte de los beneficios empresariales.

Los más pesimistas, entre los que se encuentran algunos bancos de inversión extranjeros, temen que en el próximo cuatrienio caigamos en el 'síndrome italiano': tasas de crecimiento del PIB inferiores al 1,5%. Consideran que nuestra fuerte apelación a los mercados de capitales internacionales nos vuelve vulnerables. Un choque que agudice y prolongue las actuales turbulencias elevaría, sensiblemente, la carga financiera de unos agentes económicos muy endeudados. Esa vulnerabilidad la hacen extensiva, asimismo, a nuestro modelo de crecimiento, al que reprochan su enorme dependencia del sector inmobiliario. Cifran el sobreprecio de la vivienda en un 30%-40%, lo que les lleva a temer un ajuste doloroso y dilatado en el tiempo. En caso de confirmarse sus negros vaticinios, dada la inercia de la construcción residencial, los efectos del ajuste se dejarían sentir con particular intensidad a partir de 2009.

Ese escenario, aunque no es utópico, minimiza las conquistas de la economía española durante la pasada década. Pieza clave de todas ellas ha sido el régimen de estabilidad macroeconómica adoptado tras la entrada en la Unión Económica y Monetaria. Otros cambios estructurales han sido el dinamismo demográfico, las políticas de oferta emprendidas y la internacionalización de nuestras empresas. Además contamos con un sistema bancario sólido y rentable, que, a diferencia de otros, no se halla contaminado por innovaciones espurias. Aún así, dado el peso del ladrillo en su cartera crediticia, no cabe descartar que esta crisis, al igual que en el pasado, origine una 'cura de adelgazamiento' en el sector. Si ocurre, las más afectadas probablemente sean las cajas: están más involucradas en el sector inmobiliario y dependen más de la cuenta de resultados para satisfacer el coeficiente de solvencia.

La salida de esta crisis será, en gran medida, fruto de decisiones adoptadas más allá de nuestras fronteras. En consecuencia, el Gobierno ha optado por los paliativos, adoptando una serie de medidas destinadas a animar la demanda interna. La evidencia disponible sugiere, sin embargo, que su efectividad será limitada, especialmente si no vienen acompañadas -como ha sucedido en EE UU- de una política monetaria más beligerante. Y en este caso la iniciativa recae en el BCE, que prioriza el control del actual brote de inflación. De ahí la conveniencia de seguir las recomendaciones del Gobernador del Banco de España, dando un renovado impulso a las reformas estructurales. El método preferible para ello es el del consenso, sin que esto nos lleve, como ha sucedido en otras ocasiones, a sacralizarlo. La teoría de juegos demuestra que las soluciones negociadas no siempre deparan mejores resultados que las no negociadas.
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