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Economía

RAFAEL PUNTONET, COMISIONADO PARA LA COMPETITIVIDAD DEL PUERTO DE BILBAO
«La negociación con los transportistas del puerto está agotada y muerta»
Reconoce que las diferencias son insalvables y que no ha sido posible convencer a este colectivo por la vía del diálogo
27.04.08 -

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«La negociación con los transportistas del puerto está agotada y muerta»
CÁRTEL. Rafael Puntonet, en la Gran Vía bilbaína, avisa a los camioneros de que «más tarde o más temprano, alguien hará que esto acabe». / MAITE BARTOLOMÉ
Hace tres años que comenzó un trabajo que da por finalizado. Todo resuelto, aunque negativamente. Los transportistas del Puerto de Bilbao, agrupados en torno a los sindicatos Egas y Sintrabi, han rechazado de forma frontal cualquier posibilidad de desmontar el cártel de contratación de camiones, que les permite ejercer un férreo control sobre el movimiento de mercancías que entra y sale de los muelles. Rafael Puntonet, a quien el Ejecutivo vasco designó como comi- sionado para intentar solucionar mediante el diálogo este problema, tiene la sensación de haber chocado contra una pared. Los transportistas acaban de rechazar la oferta, que incluía el pago de 25.000 euros a cada camionero si aceptaban entrar en una senda de libre competencia.

-La negativa de los transportistas, ¿la ha entendido como una pose negociadora o como un 'no' tajante?

-Bueno, siempre debería quedar una puerta abierta a que se exploren vías de acuerdo pero, sinceramente, creo que hay que dar por cerrada la negociación. Está agotada y muerta.

-¿Quizá porque los 25.000 euros les parece poco?

-El límite de negociación en torno a las cantidades era muy estrecho, pero ése no es ya el problema fundamental. La clave está en que las diferencias son insalvables. Nosotros queremos abrir ese mercado a la libre competencia y la Administración y el Puerto estaban dispuestos a hacerlo de una forma dialogada, mediante un proceso de reconversión de la actividad. Sin traumas, en definitiva. Pero está claro que los transportistas han respondido que su problema no es de cantidades, sino de voluntad. No parecen tener intención alguna de cambiar el estado actual de las cosas.

Las cosas cambian

-Pero lo cierto es que hasta ahora les ha ido bien. Lo que hacen es presuntamente ilegal, atenta contra la libre competencia, no camina de forma paralela a la liberalización del resto de la economía, pero... han conseguido mantenerlo intacto.

-Por mucho que se obstinen, las cosas van a cambiar, porque no es posible mantener por más tiempo determinados modelos de funcionamiento. Los contingentes, como ellos lo denominan, deben desaparecer. Y éste es el problema, el principal escollo. No están dispuestos a que desaparezcan.

-Más bien al contrario, reclaman que el transporte que entra y sale de los muelles se considere un servicio portuario. Algo que, traducido a un castellano más sencillo, significa un cártel, pero bendecido por una ley.

-Es verdad, es lo que piden, pero también lo es que eso no lo va a aceptar nadie. En cualquier caso, no es una competencia nuestra, ya que eso dependería del Ministerio de Fomento.

-Usted, por encargo de la Administración, del Puerto y de la Cámara de Comercio, ha consumido tres años de estudios, conversaciones, negociaciones y ofertas. ¿Y ahora, qué?

-Hemos llegado a un momento crítico, en el que creo que mi trabajo, por lo menos como se había planteado hasta ahora, ha terminado. El próximo miércoles me reuniré con las instituciones para hacerles una propuesta de acciones.

No seguir igual

-¿Se pueden conocer?

-Creo que lo lógico es que primero se lo traslade a las instituciones. Sí puedo adelantarle que son propuestas para que las cosas no sigan como hasta ahora. Nadie puede creer que las instituciones, el Puerto, esta sociedad, van a dejar que las cosas sigan como están. Hemos trabajado durante tres años con una 'hoja de ruta' en la que creíamos. Hemos coincidido en el diagnóstico y todos, excepto los transportistas, alcanzamos un acuerdo donde se proponían soluciones. Nadie podrá acusar a las instituciones de falta de diálogo.

-Desde fuera, para el común de los mortales, este proceso tiene algo de pernicioso. A saber. Las instituciones están dispuestas a darle un premio, traducido en 25.000 euros y un mensaje de garantías de trabajo, al que se ha portado mal, al que no cumple las reglas que están vigentes para los demás. ¿No le parece que eso desanima a los que se portan bien?

-No hemos ofrecido dinero a cambio de que los camioneros renuncien a una licencia ilegal. Ésa no es la interpretación correcta. Estamos ante un problema en un subsector del transporte por carretera, el que se relaciona con el Puerto, y lo que hemos hecho ha sido afrontar un proceso de reconversión. Y en ese proceso, como en otros muchos que se han dado en este país, se han ofrecido unos incentivos para que los transportistas que quieran abandonar la actividad lo hagan; o para que puedan conformar sus propias empresas...

-Entiendo sus esfuerzos, van en el sueldo, pero debo reconocerle que sigue sonando fatal. ¿No habría sido más sensato que el Gobierno se hubiese mantenido al margen y que esa oferta la hubiese hecho de forma unilateral la Autoridad Portuaria? Al fin y al cabo, sería una relación entre cliente y proveedor, en la que todos los ajenos a ese mundo tendrían menos cosas que reprochar a un Gobierno que, se supone, debe tratar por igual a todos los transportistas. Así lo hizo el Puerto de Barcelona y están satisfechos del resultado.

-Quizá, no lo sé. Pero lo cierto es que aquí se unieron Gobierno, Diputación, Cámara de Comercio y Puerto porque creyeron que era lo mejor.

Cambiar para crecer

-¿Les han ofrecido ustedes alguna otra cosa además de dinero?

-El impulso a un proyecto de reordenación que es bueno para el Puerto, es bueno para esta sociedad y lógicamente también para ellos. En los últimos años el tráfico del Puerto de Bilbao ha crecido en tasas del 4% o del 5%, pero hay otros que lo están haciendo al 15%. Y una parte de ese crecimiento lo consiguen en el área de influencia del puerto vizcaíno. Los transportistas también deben darse cuenta de que eso juega en su contra.

-Cuando usted se refiere a una reordenación, ¿qué fotografía final es la que trata de dibujar?

-Por supuesto, un modelo en el que no haya plazas rígidas y puedan funcionar las reglas de la oferta y la demanda, junto con garantías de un buen servicio. Necesitamos un transporte competitivo, porque ésa es la clave para que la oferta del Puerto de Bilbao pueda crecer, ganar mercado y no perderlo frente a otros competidores. En estos momentos nos encontramos frente a una estructura absolutamente atomizada. Nada menos que 1.200 transportistas autónomos. Necesitamos tener economías de escala, que se integren en organizaciones más fuertes, en empresas fuertes. Les hemos dicho que les ayuda- mos a que esas empresas las creen ellos si quieren. Y también les hemos tratado de convencer de que buscamos un modelo que trata de ganar mercado, porque nos permitiría traer más camiones al Puerto en momentos de punta de trabajo y también que los que ahora están dentro puedan tener cargas fuera cuando baja la actividad de los muelles.

Asumir riesgos

-Ha habido multas del Tribunal de la Competencia, detenciones, nuevas investigaciones del Servicio Vasco de la Competencia... y todo sigue igual. ¿No será que los transportistas han llegado a la conclusión de que son inmunes, intocables? ¿Por qué aceptar un sistema de libre competencia si se se pueden mantener un mercado controlado y nadie consigue deshacerlo?

-Puede ser que exista esa sensación entre los transportistas, pero el mundo cambia y hay que tomar decisiones. Más tarde o más temprano, alguien hará que eso acabe. La duda es saber en qué condiciones se hará y cómo quedará cada uno.

-Si, fracasada la etapa de ofrecer 'zanahorias', la 'autoridad competente' decide ponerse manos a la obra y atizar el 'palo', ¿podemos estar ante un conflicto en los muelles?

-A todos nos preocupa ese escenario y el riesgo de un conflicto, pero quizá hay que asumir que todos nos vamos a tener que arriesgar...
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