Hay un presidente obrero en Brasil. Mujeres en Argentina y Chile. Un indígena en Bolivia. Un médico en Uruguay. Un economista de izquierda en Ecuador. Un militar nacionalista en Venezuela. Y ahora un obispo en Paraguay, un fenómeno sin precedentes en la historia de la Iglesia católica. La diversidad altera el protocolo. La tradicional institución de las primeras damas amenaza con extinguirse o transformarse por completo. La foto de los presidentes no podría tener más color.
Lugo se integrará a un mapa homogéneo en lo ideológico pero multicolor en procedencias y estilos. La nueva ola comenzó a insinuarse con Hugo Chávez en Venezuela. Pero entonces no era una sorpresa que un militar ganara las elecciones. Con los años Chávez iba a mostrar su inclinación. Hoy es, de todos, el presidente que más tiende a la izquierda en el discurso y en los gestos. Pero el primero en quebrar la monotonía fue el brasileño Luis Inacio Lula da Silva, del izquierdista Partido de los Trabajadores, que fue obrero metalúrgico e hizo carrera como sindicalista. Ganó la presidencia en 2002 y fue reelecto en 2006.
El indígena boliviano
Le siguió el uruguayo Tabaré Vázquez, un médico oncólogo. Con su victoria, la izquierda llegó por primera vez al gobierno de este pequeño país sudamericano. Un año después era el turno de Evo Morales, un indígena boliviano que hizo carrera entre campesinos cocaleros. «Somos una familia aymara. De siete hermanos vivimos tres», recuerda Evo. «Los otros perdieron la vida de uno o dos años. Es la media de vida de los niños en las comunidades campesinas. Más de la mitad se muere y nosotros, qué suerte, nos salvamos tres de los siete», denunció. Morales fue el primero en llamar la atención por reivindicar el uso de vestimenta típica, un gesto por el que fue objeto de críticas y burlas. Con su irrupción, Bolivia, el país más pobre de Sudamérica, comenzó a atraer la atención del mundo. «Bienvenido al eje del mal», saludó Evo al recién llegado presidente paraguayo.
Poco después de Morales fue elegida presidenta la primera mujer de un país sudamericano: la chilena Michelle Bachelet, pediatra, socialista, divorciada, y víctima de la dictadura de Augusto Pinochet. Para entonces, la abogada argentina Cristina Fernández, esposa del presidente Néstor Kirchner, soñaba con emularla. Le tocó dos años después.
Antes fue elegido presidente en Ecuador un joven economista de izquierda, Rafael Correa. Y ahora el obispo paraguayo, popular entre los campesinos e indígenas de su país, que ya anticipó que tomará posesión en sandalias.







