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Reencuentro en la política navarra
Los socialistas apuestan por lograr grandes acuerdos con UPN y descartan cualquier «aventura política» de la mano de Nafarroa Bai
27.04.08 -

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Reencuentro en la política navarra
El jefe del Ejecutivo navarro, Miguel Sanz, el día de su investidura, saluda a la presidenta del Parlamento, Elena Torres, en presencia de la ministra Salgado. / EFE
Entre las particularidades políticas de Navarra, se cuenta la tradicional buena relación entre los dos grandes partidos llamados a relevarse al frente del Gobierno foral. La casi constante falta de mayorías absolutas en el Parlamento de Pamplona llevó a PSN y UPN a desarrollar diversas fórmulas de colaboración durante buena parte de las décadas de los 80 y los 90, con el socialista Gabriel Urralburu al frente del Ejecutivo hasta 1991 y con los regionalistas en el poder después, salvo en el corto período del Gobierno tripartito de Javier Otano, entre 1995 y 1996.

De hecho, este clima general de colaboración y voluntad de entendimiento, que deviene de la defensa compartida por los dos partidos mayoritarios en Navarra del régimen foral de autogobierno frente a los postulados del nacionalismo vasco, sólo ha pasado por momentos de crisis cuando el PSN ha intentado articular mayorías alternativas apoyándose en formaciones abertzales.

La elección del socialista Javier Otano para presidir un Ejecutivo compuesto por su partido, CDN y EA provocó el primer distanciamiento profundo con los regionalistas aunque, finalmente, aquella fórmula sólo tuvo un año escaso de recorrido, al descubrirse una cuenta bancaria secreta abierta en Suiza a nombre del presidente foral para el presunto cobro de comisiones ilegales. El papel de UPN en la caída de Otano ha sido objeto de diversas controversias, aunque quien fuera vicepresidente del Gobierno tripartito, el convergente Juan Cruz Alli, siempre ha mostrado su pleno convencimiento de que el centro-derecha navarro tuvo un papel activo en el descubrimiento de la trama.

El verano pasado, el PSN intentó enviar nuevamente a la oposición a UPN, aliándose con Nafarroa Bai e Izquierda Unida, y los viejos enfrentamientos se reprodujeron con virulencia. Las elecciones forales de mayo dejaron a la formación regionalista a las puertas de la mayoría absoluta y, tras una serie de titubeos iniciales, y a pesar de ser la tercera fuerza política en el nuevo Parlamento, los socialistas exploraron a fondo la posibilidad de llevar a la presidencia de Navarra a su candidato Fernando Puras.

Con el proceso de diálogo con ETA ya fracasado, arreciaron las críticas al Gobierno de Zapatero por parte del PP y de UPN, que llegaron a acusar a los socialistas de haber colocado a la comunidad foral en el centro de unas supuestas cesiones ante la organización terrorista. El presidente navarro, Miguel Sanz, reconoció en otoño del año pasado que dirigentes de su partido pensaron en aquellas circunstancias que «había que ir a por todas y situar al PSN en el lado del nacionalismo y sin posibilidad de dar marcha atrás».

A pesar de la presión, los socialistas navarros no se amilanaron. El 4 de julio el comité regional se posicionó a favor de la fórmula tripartita, por 104 votos contra uno, y el 1 de agosto la ejecutiva regional anunciaba que el acuerdo estaba cerrado, a la espera del visto bueno del comité federal del PSOE. Sin embargo, los recelos de Zapatero y su temor al desgaste que podría producirle en el conjunto de España la llegada de nacionalistas vascos al Gobierno de Navarra de la mano del PSN se concretaron en el veto de Ferraz al acuerdo. En medio de las protestas de parte de la militancia socialista navarra, el PSOE optó por permitir que Miguel Sanz continuara al frente del Gobierno y por ejercer una «oposición útil».

El paso de los meses ha calmado la situación y los buenos resultados obtenidos por los socialistas en las elecciones generales del pasado 9 de marzo han sido el mejor bálsamo frente a las turbulencias internas. Sólo el fallecimiento del secretario general del PSN, Carlos Chivite, que murió el 31 de marzo tras permanecer un mes en estado crítico a consecuencia de una hemorragia cerebral, ha perturbado gravemente el ánimo de los socialistas navarros.

Las especulaciones acerca de la posibilidad de reeditar el intento de formación de un gobierno foral tripartito tras los comicios generales se han apagado totalmente y la colaboración entre regionalistas y socialistas se ha concretado en acuerdos de calado. Uno de ellos contempla el desarrollo y ejecución del Plan Navarra 2012, que incluye inversiones en dotaciones e infraestructuras públicas en la comunidad foral por un importe total de 4.500 millones de euros, y está incluido en el marco del acuerdo presupuestario que mantienen ambas formaciones.

Con ese acercamiento, los socialistas pretenden «rediseñar el modelo económico» vigente en Navarra y «activar un plan de choque para hacer frente con garantías a la desaceleración económica». Se felicitan, además, de que la actual situación convierta al PSN en «la fuerza política determinante» en la Cámara regional, con capacidad para pactar tanto con UPN y CDN como con Nafarroa Bai e Izquierda Unida en función de sus propios criterios.

Rectificaciones

La secretaria general en funciones del PSN y presidenta del Parlamento foral, Elena Torres, se muestra satisfecha del nivel de entendimiento alcanzado con el Gobierno de Miguel Sanz en estos pocos meses de legislatura. Según indica, los desencuentros «se han superado por mejorar la convivencia y responder a lo que estaba demandando la sociedad», aunque también ha pesado «la rectificación del Ejecutivo foral, que ha eliminado de la primera línea política las acusaciones y el enfrentamiento».

Curiosamente, en opinión del secretario general de UPN, Alberto Catalán, quien ha variado su posición inicial ha sido el Partido Socialista. Según asegura, «la propia Elena Torres ha reconocido que Nafarroa Bai no es una coalición que esté preparada para gobernar» y los problemas surgidos entre el PSN y la coalición nacionalista en ayuntamientos como el de Barañain han agrandado la brecha entre quienes hace escasos meses pretendieron ser socios de gobierno. De hecho, el pasado viernes UPN y PSN desalojaron por medio de una moción de censura de la Alcaldía de este municipio al regidor de Na-Bai, Floren Luqui, cuyo cargo será desempeñado ahora por el regionalista José Antonio Mendive

Con estos ingredientes sobre la mesa, a estas alturas queda claro que los socialistas seguirán ejerciendo una oposición constructiva en los tres años largos que restan de legislatura. Torres afirma que su partido «seguirá dando estabilidad a Navarra y pensando en los ciudadanos», por lo que queda absolutamente descartado que «el PSN se vaya a meter en aventuras políticas». El aval de los resultados del 9-M ha terminado por convencer a Elena Torres y a los suyos sobre la conveniencia de no mover ficha. Queda atrás el enfrentamiento del pasado verano entre las ejecutivas regional y federal y la protesta de parte de la militancia. «Hemos pasado página pero, en cualquier caso, la supuesta crisis del PSN respondió más a un interés mediático en ese sentido que a lo que realmente estaba ocurriendo en el seno de nuestro partido», explica la líder de los socialistas navarros.

«Estrambótico»

Por su parte, UPN se felicita de la predisposición favorable de los socialistas para dar estabilidad al actual Gobierno, ya que considera «absurdo y estrambótico» que pretendieran en su momento pactar con aquellos que «no reconocen a la comunidad foral con su actual estatus institucional, político y social». En palabras de Catalán, «las quimeras nacionalistas, como la que se viene llamando Euskal Herria, y los deseos de independencia cuentan con la oposición de la inmensa mayoría de los navarros» y ello obliga a la colaboración entre quienes, como su partido y el PSN, «comparten marcos de referencia».

El dirigente regionalista se muestra confiado en que los socialistas no repitan «los errores que hayan podido cometer» en el pasado reciente para que no se genere ninguna nueva alarma en torno al futuro político navarro. «Llevamos bastantes décadas con la obsesión enfermiza del nacionalismo vasco hacia Navarra y nos cansa que incluso las instituciones vascas participen de esa situación, que choca con la voluntad de los navarros», reitera, para señalar a continuación que quieren volver a confiar en que los socialistas «no volverán a las andadas».

«Durante la negociación entre Zapatero y ETA, UPN ha sido uno de los pocos garantes de que Navarra siga siendo lo que es y de que se respete la voluntad de los navarros. A los demás los juzgaremos en adelante por sus comportamientos y sus actuaciones y no pondremos la mano en el fuego por nadie que no sea la propia UPN», advierte Catalán.
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