
Los socialistas han pasado además en apenas dos meses de minimizar las consecuencias de la desaceleración económica -antes de las elecciones- a admitir que España se resentirá de la crisis. «La desaceleración está afectando al empleo de manera singular», reconoció Zapatero ante la cúpula de la formación. Incluso así, el jefe del Ejecutivo trató de sacar pecho y alardeó de que «la peor previsión de paro que podemos tener por delante será siempre mejor que la mejor del PP en la pasada legislatura».
El presidente destacó que la «brillante gestión» de las arcas públicas funciona a modo de «muro» que aísla a éstas de las turbulencias internacionales. «Ahora vamos a comprobar la importancia que tiene el haber realizado una gestión tan brillante en nuestras cuentas públicas, que gozan de buena salud», se congratuló. El líder del PSOE prometió también, una vez más, que ninguno de los compromisos sociales adquiridos en la pasada campaña se van a ver afectados por la delicada coyuntura económica.
Preocupación regional
En una etapa dulce para el partido gubernamental, sólo el debate del agua y el reparto de recursos económicos han provocado roces y disonancias. La mera disposición del Gobierno a hacer públicas las balanzas fiscales y explicar qué aporta cada comunidad autónoma al conjunto y qué recibe a cambio del Estado soliviantó a los socialistas andaluces, a los gallegos y a los extremeños. Fue precisamente un hombre de Extremadura, Francisco Fuentes, quien puso ayer sobre la mesa la cuestión y reclamó que esos cálculos económicos no se empleen como criterio para la reforma de la financiación.
La petición fue recogida por Zapatero. Pero ni el secretario general ni el resto de los dirigentes del partido dedicaron mucho tiempo a comentarla. No en vano, el de ayer fue el comité federal más breve de cuantos ha celebrado el PSOE en los últimos meses; apenas duró dos horas, y sólo hubo cinco intervenciones, aparte de la del propio jefe del Ejecutivo, sobre cuestiones como la financiación municipal. Conforme al testimonio del secretario de Organización, José Blanco, el líder socialista garantizó que el nuevo modelo responderá a los principios de corresponsabilidad, suficiencia financiera y cohesión. Zapatero, no obstante, ya no sitúa la financiación autonómica como uno de los grandes asuntos de Estado que desea pactar con el PP. De hecho, en esta ocasión sólo mencionó «la lucha antiterrorista, el funcionamiento regular de las instituciones y la presidencia española de la Unión Europea en 2010» entre los asuntos a consensuar.
El líder socialista convocó, por otro lado, el máximo órgano de representación del PSOE, previsto para el 4, 5 y 6 de julio. «Será el congreso del cambio», auguró. Se tratará de una renovación para la que pidió «valentía» e «imaginación», porque, según el jefe del Ejecutivo, su partido no tiene que ir en busca de ningún valor ideológico nuevo ya que es «la fuerza política vertebradora de la España democrática».







