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Las dos orillas de una obra «tremenda»
El ingeniero José Alberto Pradera y el peón Periko Solabarria recuerdan sus vivencias en el tajo de Rontegi
27.04.08 -

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Las dos orillas de una obra «tremenda»
CRUZAR LA RÍA. Vista de las obras de Rontegi con el tablero completo pero sin asfaltar. / EL CORREO
Todas las grandes obras, sean del material que sean, llevan un revestimiento especial. En el puente de Rontegi, entre toneladas de hormigón, se fraguaron las expectativas de miles de conductores que anhelaban una conexión viaria entre las dos márgenes de la ría. La envergadura de aquel empeño impregnó las dos orillas y a los trabajadores que levantaron la imponente estructura, desde el peón Periko Solabarria hasta el director de obra, José Alberto Pradera.

Los dos estaban allí el 1 de octubre de 1977, cuando se puso la primera piedra, y ahora repasan los avatares de aquella obra «tremenda. Fue el primer puente importante que se hacía mediante voladizos sucesivos. Me convertí en un experto en pretensado, pero luego me metí en la vida política y aquella etapa se pasó», recuerda el ex diputado general. En el tajo de Rontegi, el ingeniero de caminos militante del PNV encontraba tiempo para hablar de política con Solabarria, de HB. Ambos coincidieron en las Juntas Generales, recuperadas en la democracia recién estrenada tras 103 años de suspensión.

Pese a sus discrepancias, siempre se llevaron bien. No han podido olvidar el accidente que costó la vida al ingeniero José Pardo Torres, cuyo nombre está grabado en una placa. Le arrolló el tren cuando cruzaba las vías en Barakaldo, un día que «estaba a todo nevar y él iba con la capucha puesta. Fue horrible. Yo lo vi todo, estábamos echando hormigón y bajamos corriendo. Paramos ese día y al siguiente». Como sacerdote, Solabarria ofició el funeral. Y como ingeniero, Pradera, que afrontaba su «primer gran trabajo», se quedó «casi un año solo» al frente de la obra.

«Con el vértigo que tengo yo, me parecía imposible estar en el tablero mirando a la ría», dice. «Como las pilas van subiendo poco a poco, no te das cuenta». Crecieron de tres en tres metros hasta alcanzar los 42, pero a él le preocupaba más la estabilidad del terreno. Sobre todo desde que detectaron «una falla en la margen izquierda». Los cimientos se afianzaron con pilotes «de 1,80 metros de diámetro y 20 o 30 de profundidad. La obra se hizo muy bien, con criterios de máxima seguridad», enfatiza. «Como tenía que hacerse», corrobora el peón. «Los ingenieros estaban muy atentos porque se jugaban mucho».

Solabarria trabajó con las probetas, comprobando la resistencia del hormigón, y también en las alturas. Incluso dentro de los pilares. «Están huecos y en la parte de Erandio hay una escalera. Estuve castigado mes y medio pintando para que no hablara con la gente». En el tajo había «unos 80 trabajadores» y él era miembro del comité de empresa. «Me moví mucho para mejorar las condiciones de trabajo y de seguridad. Hubo algunas pequeñas huelgas», recuerda. «Lo importante es que no tuvimos más accidentes mortales». Los operarios iban de un lado a otro en gasolino y para trasladar los encofrados se utilizaba «una grúa flotante, la más grande. No se escatimaba nada».

La estructura se terminó en 1979, pero no llevaba a ninguna parte. Faltaban los accesos. Durante cuatro años, Rontegi fue el 'monumento al puente'. La vasco-montañesa renunció a la concesión porque no veía clara su rentabilidad y las administraciones estaban en pleno proceso de traspaso de competencias. Finalmente se abrió al tráfico el 29 de abril de 1983, aún sin terminar todos los enlaces y apenas una semana antes de las elecciones, un detalle que no pasó desapercibido en las crónicas.

En noviembre de ese año, Garaikoetxea volvió a cortar la cinta al completarse el enlace con La Avanzada, y la vida siguió su recorrido. Solabarria fue concejal en Barakaldo, continuó trabajando como peón hasta jubilarse y, aunque no se ha secularizado, formó una familia y es padre de tres hijos. José Alberto Pradera pasó a primera línea de la vida política y, tras ocho años como diputado general, sigue ligado a las infraestructuras desde el mundo empresarial. Ahora es presidente de Euroconsult Norte, la empresa que se encargó del control de calidad y la topografía en las obras de Rontegi. Y, para cerrar el círculo, esta es una de las entidades que optará a la revisión integral del puente.
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