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DE CUANDO EN CUANDO
Regalos
27.04.08 -

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Hay que ver cómo cambia todo en nuestra vida con el transcurso del tiempo, aunque afortunadamente estos cambios, salvo las honrosas excepciones, suelen ser para mejorar nuestra existencia. Y como alguien puede preguntar cuáles son esas excepciones les puedo citar un par de casos.

Uno de ellos es, por ejemplo, la tranquilidad peatonal. A los que no la han conocido les contaré que allá por los años veinte, sin ir más lejos, se podía pasear por la calle como si fuese el pasillo de casa. Sin tráfico, apaciblemente, sin más ruido que el de un carro y algún que otro grito del carretero que azuzaba a sus mulas con sonoros e impublicables epítetos.

¿Quieren otro ejemplo? Pues ahí tienen ustedes el de los portales que estaban todo el día abiertos de par en par sin miedo a los robos domiciliarios. Incluso recuerdo que algunas viviendas tenían una cuerda en la puerta de la escalera para poder abrirla desde afuera sin tocar el timbre.

Que conste que con estas citas no pretendo decirles que eche de menos la vida de ayer. Todo lo contrario. Bendito sea el siglo XXI y bendito será sin duda el XXII aunque un servidor no pueda disfrutar de sus ventajas que hoy son casi inimaginables viendo la velocidad de los avances electrónicos.

¿Y qué me dicen ustedes de los servicios bancarios? Antaño para sacar dinero de nuestra cuenta teníamos que ir personalmente a la sucursal, hacer cola, entregar la libreta, esperar pacientemente y contemplar finalmente cómo el empleado apuntaba a mano en nuestra ficha el debe y el haber.

Hoy podemos hacer eso mismo en cualquier lugar y en el acto con una simple tarjeta y los bancos, además de ofrecernos todas estas facilidades, hasta nos regalan pucheros, cazuelas y sartenes. Incluso pesas de dos kilos para hacer gimnasia o una flauta Hohner, que es lo que me ha ofrecido hace poco mi banco en una comunicación personal.

Por un elemental sentido de la cortesía, les agradezco sinceramente el obsequio pero no me veo a mis años levantando pesas (aunque sólo sean de dos kilos) y me va a resultar ya difícil aprender a tocar la flauta.
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