
SERVICIOS
Para muchas personas la visita a los museos no es nada gratificante; resulta incluso agotadora. El portavoz del PP para temas culturales en las Juntas Generales de Vizcaya, Arturo Aldecoa, ha pedido en vano que la Diputación estudie, en los museos en los que participa, el llamado 'cansancio museal', algo que casi todo el mundo ha sufrido alguna vez.
«El cansancio museal es algo complejo; hasta el Guggenheim te puede resultar agotador, y no es sólo una cuestión de tener un gran edificio o de poner más asientos», considera Aldecoa, que ha estudiado el fenómeno con detalle. El juntero volvía a llamar la atención hace poco ante el hecho de que, fuera del Guggenheim y el Bellas Artes de Bilbao, los otros centros apenas cuentan con recursos didácticos, algo imprescindible para educar la mirada y crear afición.
En un museo, particularmente si es grande, se puede llegar al agotamiento, como le sucedió al escritor francés del XIX Stendhal, debido al atracón de belleza que se dio con las ricas colecciones de iglesias y palacios de Florencia; un síndrome que lleva su nombre y que él mismo describe en 'Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio'.
Lo más probable es que todo se lo provocara la posición forzada de del cuello y la cabeza al tener que ver muchos cuadros colgados en altura. Antiguamente se colocaban unos encima de otros, para aprovechar el espacio. Esto hoy es inconcebible. La moderna museología ha aligerado las colecciones y presenta las obras a la altura de la vista en espacios cada vez más acogedores y perfectamente controlados en sus condiciones ambientales.
Cafeterías, restaurantes (incluso de firma), tiendas, librería, visitas didácticas y guiadas, talleres, audioguías... La gama de servicios a disposición del público es hoy amplia y diversa en los museos importantes, no tanto en los secundarios; por ejemplo, una familia con hijos encontrará todas las facilidades para acceder a cada centro, todos juntos o los hijos por separado, entretenidos en algún taller; sobre todo los fines de semana. Sólo hay que informarse y elegir.
Los museos importantes suelen hace hincapié en la oferta de programas educativos; sobre todo para niños y adolescentes, pero también para adultos. El asunto es aprender a ver y aprender a visitar los museos.
El departamento didáctico del Guggenheim tiene su prestigio entre los profesores de los numerosos colegios de Euskadi y de comunidades limítrofes que lo han visitado; también los del Museo de Bilbao; Artium, de Vitoria, y Chillida-Leku, en Hernani, donde un vídeo de Susana Chillida presenta al fundador y su poética de los materiales.
Personalizar la visita
El gran tamaño de muchos museos y la amplitud de sus fondos son las primeras causas reconocidas del cansancio en el público. En el nuevo Prado han preparado tres itinerarios básicos por su imponente colección: de una, dos y tres horas de duración. Y en el Guggenheim abrirán una sala de orientación: un lugar donde el público pueda preparar su visita. «Queremos facilitar al máximo el encuentro con el museo; la gente podrá personalizar su visita», anuncia el director, Juan Ignacio Vidarte.
En el Museo del Prado, donde la puesta al día ha ido muy por detrás de la de otros grandes museos como el Louvre y la National Gallery de Londres, incluso del Bellas Artes de Bilbao, «se ha pensado sobre todo en el público», comenta Marina Chinchilla, coordinadora general de atención al visitante.
La ampliación del Prado ha estado «guiada en buena parte por las necesidades de los visitantes; de ahí el área de acogida de los Jerónimos y la nueva señalización; el museo -añade- ha dado un giro tremendo pero no está acabado: trabajamos en el estudio del comportamiento del público para mejorar. Ya no hay vuelta atrás».
Las nuevas instalaciones y servicios, y todas las buenas intenciones chocan, sin embargo, con la masificación que llegan a sufrir museos como el Prado y, más que nada en periodos de vacaciones, el Guggenheim. «La gente, de todas formas, se queja más de que se moja en la cola», reflexiona Vidarte.
Para Javier Viar, director del Museo de Bilbao, que ha prescindido del servicio de guardería -«no nos lo podíamos permitir»- que llegó a tener el centro, tras su oportuna puesta al día, la masificación es intolerable: «Yo tuve que ver a Tiziano en la National Gallery de Londres por encima de las cabezas de los demás; se necesita tranquildiad y reflexión, y no son exquisiteces, son derechos del público».







