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DEPORTES LA RIOJA
Calvente da el campanazo
El corredor del Contentpolis rubrica con éxito la fuga que protagonizó con Axelsson y Pardilla, ganador de la etapa, y se hace con la Vuelta
28.04.08 -

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Calvente da el campanazo
PODIO AL COMPLETO. Los diferentes ganadores de esta edición de la Vuelta a La Rioja posaron para los medios. / S. ESPINOSA
Ni galgos ni podencos. El pelotón de la Vuelta volvió a jugar a la ruleta rusa y perdió, por exceso de confianza, la partida. Ventoso y Geslin, los dos primeros líderes de la ronda, libraban un mano a mano crucial sobre el trazado de la tercera etapa, marcada a medio camino por el terrorífico ascenso a Peña Hincada y la interminable rampa de La Rasa. Pero en ese pulso, en teoría cerrado, terciaron Axelsson, Pardilla y Calvente y, por difícil que resulte de creer, la fortuna quiso premiar su encomiable esfuerzo, harta de haber amparado tanta racanería y duda en el seno del gran grupo.

Curioso. El llegador del Andalucía, el triunfador de Calahorra, llegaba con el santo de cara al último suspiro de la carrera al haber visto cómo el francés del Bouygues quedaba enterrado bajo una losa de más de diez minutos en el último puerto. Pero el grupo en que rodaba, atormentado por el frenético ritmo del Caisse d'Epargne que llegó a situarle contra las cuerdas, afinó en exceso y falló en los cálculos. Dejó que el trío de cabeza llegase a la cima con casi más de dos minutos de ventaja y cuando comenzó a reaccionar no encontró ni acuerdo ni golpe de pedal para abortar la fuga con un mínimo margen de garantías.

Su mordisco se quedó a ocho segundos del gaznate de Pardilla que otorgaba al Burgos una 'monumental' victoria de etapa en la explanada de El Espolón; y sobre todo de Calvente que, a su rueda y con mejor coeficiente en el puestómetro, se elevaba a los cielos de la gloria. Tercera etapa, tercer líder (ya definitivo), tercera sorpresa.

Final desconcertante

He ahí el inesperado y confuso desenlace de una carrera que exhibe destellos de jóvenes desconocidos a tener en cuenta. La reclamación del sueco del Serramente, empeñado en reclamar el mismo tiempo de Calvente al haber sufrido una avería en los últimos tres kilómetros del trazado, y la del corredor del cuadro castellano que reclamaba para sí la general después de su extraordinario golpe de mano, parecieron prosperar sólo en primera instancia. En vía judicial, se impuso la lógica y el maillot morado acabó adornando el torso del corredor del Contentpolis, feliz como unas castañuelas.

Pero tan idílica estampa no esconde, en cualquier caso, las profundas decepciones advertidas en la postrera jornada, tan alborotada como las anteriores, pero mucho más desordenada, menos coherente.

Cinco demarrajes aceleraron, a tirones, los primeros kilómetros de la etapa sin que ninguno de ellos llegase a obtener tanta credibilidad como el zarpazo asestado por Drujon (Caisse d'Epargne), Carrasco (Andalucía), Rabuñal (Karpin Galicia), Elías (Contentpolis) y Urtasun (Liberty) a los trece kilómetros de la capital riojana. La suya fue una fuga, consentida en cierto modo porque destensaba la cuerda, que llegó a atesorar más de dos minutos de ventaja al paso por Anguiano, con la sombra de Peña Hincada sobre la cerviz.

También un puente de paso. El quinteto inició en Brieva el asalto al puerto de primera apenas contaba con medio minuto de cuartelillo, y en ese contexto no hicieron sino convertirse en referencia de Axelsson, Calvente y Pardilla que iniciaban su alocada aventura en las primeras rampas, con más de 100 kilómetros por delante.

El corredor del Contentpolis coronó en la cima dando tiempo a sus compañeros de escapada; el pelotón arrastraba, para entonces, un retraso insignificante, apenas 35 segundos. Nada preocupante.

El problema es que en el descenso por la nacional a Soria aumentaron las referencias y en el asalto a La Rasa no hicieron sino dispararse, a pesar del empeño del Caisse d'Epargne por azuzar a los suyos descolgando, sin opción de respuesta, al entonces líder de la carrera, el francés Anthony Geslin. Con dos minutos en el zurrón, la vertiginosa bajada hacia Logroño sólo sirvió para asestar manotazos puntuales (el pelotón de cabeza recortó 25 segundos en la recta de Ribafrecha) que hicieron dudar al trío de fugados, provocando la reticencia del sueco y una junta extraordinaria que permitió recomponer el acuerdo.

Fue un final tenso con mínimas rebajas en cada kilómetro; una pugna en la que se aplicó la ley del mínimo esfuerzo y los principios de la física cuántica; un desastre para Ventoso que veía cómo se le escapaba la Vuelta de las manos. La operación de caza fracasó a ocho segundos de Pardilla, lanzado hacia el triunfo de etapa. Calvente miraba un poco más arriba.
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