
Un máximo responsable de Aspe reconocía a EL CORREO que «de un tiempo a esta parte se corre mucho menos dinero en los festivales que habitualmente programamos. La gente es consciente de que vienen tiempos en los que hay que apretarse el cinturón, y recorta esos gastos innecesarios que tenía anteriormente».
La desaceleración afecta a todos por igual y provoca sus consiguientes convulsiones entre los ciudadanos y los pelotazales, que no quedan al margen de ella. «Son tiempos de crisis», afirma esta misma fuente. «En el ámbito del corretaje los ingresos han decrecido, ya que se cruza muchos menos dinero que el pasado año. Ésa es la pura realidad», sentencia.
En Asegarce tampoco son muy dados a airear sus números. Rechazan las visiones catastrofistas, pero admiten que «el tiempo de las vacas gordas ha pasado a mejor vida. Se siguen jugando euros en los partidos de pelota, pero no en la proporción de antes y, por supuesto, no lo que piensa la mayoría de la gente, que está completamente equivocada».
Los corredores de apuestas muestran un cierto pesimismo a la hora de evaluar la situación. «Es muy poco favorable», coinciden. «La tasa de apuestas ha disminuido porque ahora hay puntos que se juegan a la mitad del dinero que lo hacían antes de sonar las campanas de la crisis».
«Cremallera al bolsillo»
Uno de esos pelotazales guipuzcoanos (A. J.) que desde hace más de 30 años tiene adquirido ese vicio de desafiar a la suerte, con el 'colorao' y azul, confiesa que «ha habido muchos aficionados que se han cosido una cremallera a su bolsillo. Antes, el apostarse quinientos euros era una cosa completamente normal. Hoy, en cambio, se ha rebajado esa cifra considerablemente».
«Que hay menos euros en el frontón es algo que puede visualizar un ciego, con el agravante de que el dinero, como guste por un color determinado, cae en picado, y si por cualquier casualidad no ganan los pelotaris que has elegido como favoritos ya puedes ir rascándote la cartera», asevera este veterano apostante.
En lo que respecta a la afluencia de público a los espectáculos pelotísticos, no se nota significativamente la regresión. Los pelotazales, si se les ofrece un festival con un acentuado carisma, suelen acudir a los frontones. En este sentido hay que subrayar la fidelidad de los navarros. El recinto pamplonés del Labrit viene rozando el lleno sábado tras sábado.





