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Lieja es cosa de Valverde
El ciclista murciano repite triunfo en la decana de las clásicas al superar al sprint a Rebellin y Frank Schleck

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Lieja es cosa de Valverde
RABIA. Valverde supera a Rebellin en Lieja. / AP
Antes del cambio climático, Lieja permanecía en el frigorífico hasta bien pasado abril. A Hinault le gusta contar lo de las yemas de sus dedos. Petrificados por el frío. Tamborilea con ellos sobre una mesa y dice: «No me duelen, no siento nada desde aquel día». Desde aquella Lieja-Bastogne-Lieja de 1979. Nevada. Helada. Sobre una pista de patinaje. «Con una mano agarraba el manillar y con la otra me protegía la cara», recuerda Le Guilloux, gregario de Hinault. El bretón llegó solo a Lieja. El segundo, Kuiper, tardó nueve minutos más. Eso era antes, cuando abril era un mes de invierno en Bélgica.

Ahora es primavera. La nieve se retira. Hasta sale el sol. En 2006, un chico del sur, Alejandro Valverde, ya venció allí. El primer español que lograba lo que ni Induráin pudo. El año pasado acabó segundo tras Di Luca. Lieja le gusta. Hace sólo cinco días, en la Flecha Valona, Valverde se sorprendió al verse dentro de una nevera. Piernas de hielo. Acabó en el puesto 21. Blanco. Con el mercurio a cero grados. Esa noche preguntó por el parte meteorológico para el domingo, para ayer. Calor. Alivio. El cambio climático le favorece. Ayer, en el repecho de Ans, extendió de nuevo esas veinte pedaladas sin igual que le distinguen. Por delante de Rebellin y de Frank Schleck, testigos del corredor que mejor se adapta a la nueva temperatura de la carrera más antigua, la 'Decana'.

En Murcia se pedalea alrededor del sol. Allí no llueve. Tampoco ayer en Lieja. Pero no era el del tiempo el único cambio en la clásica. La prueba belga había insertado entre sus dos últimas cotas (Sprimont y Saint Nicolas) un muro nuevo. De nombre: La Roca de los Halcones. Jerga de cetrería. No hay cazador más certero que un halcón peregrino en plena picada. A 300 kilómetros por hora. Bala emplumada. Allí, en esa Roca de nuevo cuño, se iba a partir la vieja carrera. En el archivo estaban ya la fuga matinal (Fothen, Rolland, Kopp y Brutt), la caída de Egoi Martínez, la arrancada de Gilbert en La Redoute y el desgaste en la nariz del pelotón del Caisse d'Epargne (Valverde) y el Lampre (Cunego). Una semana atrás, el italiano había sido primero en la Amstel Gold Race y el murciano, tercero. Halcones. Otra semana más atrás, Cunego había regateado a Valverde en la recta final de Amorebieta. Rapaces de asfalto.

Eran los esperados ayer. Aunque antes apareció otro. Andy Schleck, el más joven de la familia luxemburguesa. El astifino escalador que subió al podio del pasado Giro. El hermano de Frank. Andy Schleck apretó en La Redoute. Junto a Schumacher. El primero anunciaba a Frank; el segundo a Rebellin. Eran los lanzadores. En la cota siguiente, en Sprimont, Bettini se desplegó a deshora. Ya sólo quedaban Saint Nicolas y la empinada recta de Ans, coronada por la meta. Ah, y la novedad: la Roca de los halcones. Nueva y decisiva. Allí, el menor de los Schleck se deshizo de Schumacher. Unos metros por detrás, 'Purito' Rodríguez batía alas en favor de Valverde. Con él se fueron Rebellin y el mayor de los Schleck, Frank. Era un vuelo vertical. De halcones. Picada hacia arriba. Y, claro, no podía faltar Valverde. Apareció de repente para ocupar el hueco de 'Purito', hecho humo en la rampa final de La Roca. Valverde, otra vez al calor de Lieja.

Sin respuesta en el sprint

La colina de los halcones desplumó la baraja de favoritos. Cuatro salieron intactos: los dos Schleck, más Rebellin y Valverde. A medio minuto, tan lejos ya, Cunego y Evans notaban el enorme peso de la carrera con mayor memoria. De la trinchera de las Ardenas. En la edición de 1971, Lieja fue de Merckx. Flores y trofeo. Aplausos. Una sonrisa de protocolo. Y rápido al hotel. Vacío. «Eddy tuvo que ducharse sentado en una silla», contó su masajista. Merckx doblado.

Tanto pesa la clásica de ida y vuelta a Lieja que los Schleck se repartieron el porte. Andy se largó antes de St. Nicolas para que Frank subiera a rueda de Valverde y Rebellin. Pero ni así. Andy se fundió solo. Lieja se calentaba. La recta hacia arriba de Ans estaba destinada a Valverde. Rebellin llegó sin pólvora. Frank Schleck, simplemente, no esprinta. Valverde sí. Veinte giros de dientes apretados. La rabia de un ciclista mal recibido en Europa desde la 'Operación Puerto'. Aunque no en Lieja, la casa del halcón, del murciano peregrino.
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