Necesitamos tomar conciencia de la utilidad de tener un sistema de ciencia y tecnología fuerte que nos permita acercarnos a la deseada economía del conocimiento y así poder competir con los países de nuestro entorno cargados con armas más poderosas que el chiringuito y el ladrillo. Para ello, debemos exigir a las instituciones compromisos de apoyo a la excelencia y flexibilización de la gestión, tal y como sucede en los países de mayor tradición científica. En áreas como la nanofotónica, los científicos españoles producimos ciencia de vanguardia, animados por el afán de superación personal y en respuesta a una competición feroz por alcanzar nuevos descubrimientos en la esfera internacional. Confío en que estos descubrimientos estimulen un mayor acercamiento al modo de hacer ciencia que tantos beneficios, no solo económicos, han reportado a esos países.







