
Los 28 miembros de la organización detenidos están acusados de los delitos de secuestro, esclavitud, tráfico de personas, asociación criminal y blanqueo de dinero. Se trata de personas pertenecientes a una red portuguesa que se movía en clanes familiares.
La operación policial y judicial ha incluido diversos registros, uno de ellos practicado en la localidad riojano alavesa de Lanciego, en donde fueron requisadas dos de las tres pistolas incautadas.
El resultado de la intervención fue presentado ayer en La Rioja, en un acto en el que participó también el fiscal de Oporto, en cuya región la banda captaba a sus víctimas en áreas y ambientes marginales. Las reclutadas eran personas con bajas condiciones económicas, incluso, en algunos casos, con dependencias respecto al alcohol y las drogas.
Los integrantes de la red mafiosa hacían vivir a los trabajadores en furgonetas, les retenían las cuentas bancarias, y les explotaban casi exclusivamente a cambio de comida y alojamiento.
Viviendas deplorables
Según informó la Guardia Civil riojana, la organización distribuía a los trabajadores en grupos de diez y veinte personas y los desplazaban a diversas poblaciones españolas en uno o dos vehículos, alojándoles en barracones y casas cuyo estado de habitabilidad era deplorable. La Policía asegura que los arrestados habían llegado a facilitar a los trabajadores servicios de prostitución y drogas a cuenta de sus sueldos.
Los empresarios ingresaban los honorarios en las cuentas de los empleados y la organización, va-liéndose de engaños, retenían las cartillas y los números secretos de las mismas, para acceder luego a su dinero, en algunos casos bajo coacciones y amenazas.
Los explotadores, asegura la Guardia Civil, engañaban a los trabajadores con el pretexto de prestarles ayuda en la tramitación de las aperturas de las cuentas corrientes, por lo que accedían a sus números secretos y posteriormente pagaban a los trabajadores una cantidad muy inferior a la realmente ingresada por los empresarios.
En la operación se intervino gran cantidad de material, producto de los abusos, como cartillas bancarias, agendas, ordenadores, tres pistolas y un televisor de plasma de grandes dimensiones a nombre de uno de los empleados. También, depósitos en diferentes entidades bancarias de Portugal, por un valor de 530.000 euros.









