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EL BAFLE
Fiestón de cumpleaños
29.04.08 -

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Hay peña que, como Pato y El Diablo, posee una sobrenatural capacidad para recuperarse de las resacas. Estos dos cántabros estaban carbonizados el domingo al mediodía, pero rieron y bebieron por la noche en el guateque de los Fleshtones, otros que tal bailan: la víspera, en el HellDorado vitoriano, los neoyorquinos tocaron dos horas, bebieron mogollón y fue tal el desparrame que su batería, Bill Milhizer, se arrojó sobre unas chavalillas, éstas no soportaron su peso y el tío se golpeó contra el suelo y se lesionó una mano que al día siguiente vendó.

Resacosos, heridos e inasequibles al desaliento, los Fleshtones la liaron parda durante hora y media en el Kafe Antzokia, donde dispusieron de espacio para sus correrías y convirtieron la cita en un acto interactivo. Los yanquis pasaron más tiempo entre el público que sobre el tablado y quizá el momento más hilarante se produjo cuando escogieron a dos chicas, las subieron a escena y las pusieron a tocar bajo y guitarra mientras ellos establecían abajo una competición de flexiones en la que participaron algunos machotes.

Montera torera

A base de rock and roll hostelero, garaje uperisado y gotas de soul, los Fleshtones tardaron poco en entrar en harina y en desmelenarse los flequillos, posar con perfiles egipcios para los foteros y lo que se les ocurra. Sí, beber de las birras de algunos espectadores también. Y mientras, caían canciones como 'Going Back To School', 'Let's Get Serious', un 'Pretty Pretty Pretty' entonado en plan agudamente crápula por el guitarrista Keith Streng o los laureles del 'American Beat'.

Eso fue jauja, queridos lectores, con el hacha Keith exhibiéndose y lanzando patadas al aire, punteando desde el anfiteatro, surcando al público que se abría ante la proa de su mástil y escalando sobre las rodillas del incombustible vocal Peter Zaremba (que se esforzó con el castellano) y del bajista Ken Fox para posar espectacularmente estatuarios en plan gladiadores del rock. Y tampoco estuvo mal cuando Zaremba ordenó que invadiéramos el escenario y el amigo Juancar Muga (¿que estaba de cumpleaños!) nos dijo que le siguiéramos y desde arriba vimos al público: al gallina Pato, a Manu El Gallego, a la guapa Mati...

Al acabar, los Fleshtones se encaminaron a la puerta, pero no para tocar en la calle, sino para atender el puesto de merchandising. ¿Qué aglomeración de fans felices! Los cuatro autografiaban CDs y Pato compró por 15 euros una camiseta a color. Estaba más contento que cuando de niño se paseaba por el pasillo de su casa tocado con la montera torera de su primo.
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