Patxi Garay deja el puesto después de tres años y medio al frente. Recaló allí en 2004, en plena marejada, cuando los resultados económicos amenazaban con llevar la nave a pique y la sacó a flote. «La situación era precaria», declaró ayer el director cesante en conversación con este periódico. «Ahora no se debe nada a nadie, los acreedores están pagados». El problema más acuciante que tenía el museo entonces era una deuda galopante, eso por no hablar de la «mala organización», el «exceso de personal» o que la exposición estaba, según Garay, «vacía de contenido». Hoy en día, el mayor problema es la «falta de subvenciones».
«Ni aparece en los presupuestos. Hay dinero para conciertos..., para todo menos para el Marítimo», protesta Garay, que lamenta las «pocas ganas, el escaso entusiasmo de las instituciones» en un proyecto que «aparentemente no se toman en serio».
Garay se confiesa «cansado de traer cosas», en referencia a los veleros y exposiciones como la del 'Titanic' que convirtieron al museo bilbaíno en el tercero de Euskadi en número de visitantes, con 115.000 personas, más del doble que en 2004 cuando se alcanzaron a duras penas los 49.000 usuarios. No obstante, el presidente de la asociación española de marinos mercantes prefiere quedarse con la parte positiva del 'viaje'. «Me he divertido mucho y siempre tendré un ojo puesto en el museo, deseo que le vaya bien».
En 2003, su primer año de vida, el edificio recibió la visita de 35.000 personas, y tras el pico del 'Titanic' y los grandes veleros, el año siguiente fueron cerca de 70.000 los usuarios. La plantilla se redujo en este tiempo de manera drástica -de los 37 empleados iniciales a los ocho actuales-, y por consiguiente también los gastos de personal, 272.000 euros frente a los 536.000 de 2004, año en el que el presupuesto público ascendía a 800.000 euros. Como botón de muestra, aquel mismo año el museo Balenciaga de Getaria tenía 1,9 millones de euros de presupuesto.
La autofinanciación
Fuentes del comité ejecutivo de la Fundación del Museo Marítimo, comandado ahora por el vicepresidente Juan Martínez-Ordorica, explican que hace un mes empezó a discutirse en el seno del centro cultural la necesidad de «reorganizar» el centro, con un «nuevo plan de gestión cuyo objetivo era fortalecerlo e impulsarlo». Fue entonces cuando surgió el «desencuentro». Según esta versión, Garay y el órgano directivo mostraban «distintas maneras de entender el museo», por lo que se decidió «de mutuo acuerdo una rescisión» del contrato de Garay.
Su marcha, sin embargo, no va a suponer un cierre del museo, sino que su actividad «continuará con normalidad, con las actividades programadas hasta la fecha» mientras se nombra a un nuevo director, indicaron las mismas fuentes.
Otros medios sostienen que la clave de la crisis es que las visitas al centro de exposiciones no terminan de cuajar, lo que limita su autofinanciación. El presupuesto bebe sobre todo de las aportaciones de los patrocinadores y el marketing no ha conseguido atraer suficiente dinero, y eso que las entradas para adultos costaban 5 euros (después de una rebaja). La exposición permanente, que carece de atracciones espectaculares, y una mal planteada estructura de funcionamiento podrían estar detrás de los problemas.
La nueva gestión debería pasar, consideran los expertos, por analizar la evolución del número de usuarios, la venta de entradas y el balance económico de la tienda de souvenirs.






