
En la época más peligrosa de de la guerra fría, cuando los misiles atómicos soviéticos apuntaban a Europa, las autoridades de Viena recomendaron a la población edificar pequeños refugios familiares para protegerse de un hipotético ataque nuclear o de un posible accidente de la central atómica checa de Temelin, ubicada a pocos kilómetros de la frontera con el país alpino.
Lo que primero fue una recomendación se transformó en obligación a medida que el enfrentamiento entre los dos bloques se intensificaba. Por eso, para construir los refugios los propietarios de las viviendas recibieron una subvención de 30.000 chelines (2.150 euros) de los de entonces -década de los setenta del siglo pasado-.
De los años setenta
El sótano-prisión de Josef Fritzl en Amstettel fue construido precisamente por esa época. El entonces técnico en activo recibió la autorización del Gobierno con la condición de que el interior estuviera diseñado para que sus ocupantes pudieran vivir, al menos dos semanas, sin contacto con el exterior, en caso de un ataque enemigo.
Las disposiciones oficiales recomendaban que el habitáculo dispusiera de una puerta de acceso fabricada en acero y hormigón, de bastante grosor, además de un inodoro, una ducha y un pequeño hornillo para cocinar.
El 'monstruo de Amstettel' lo aprovechó para instalar también una pequeña despensa para almacenar alimentos. Según el diario gratuito 'Heute', esa circunstancia permitió a Fritzl irse de vacaciones largas temporadas sin preocupase por el mantenimiento de los que tenía encerrados. De acuerdo a la versión del periódico, el violador de su hija llenaba la despensa cada tres días.







