La de ayer fue una jornada de reencuentros. Una historia de piratas con final feliz. «Muy feliz», coincidían la lekeitiarra Ainhize Sesma y Onintze Clemos -las hijas de dos de los arrantzales secuestrados-, minutos antes de ver a sus padres en la sala de autoridades del aeródromo. Estaban «encantadas», «emocionadas», «nerviosas», «contentas». Eran «incapaces» de describir con palabras lo que sentían. Nada que ver con el semblante de preocupación que mostraban hace una semana. Ayer tocaba «celebrarlo» por todo lo alto. Atrás quedaban seis «larguísimos» días de «angustia» e «incertidumbre». «Tengo muchísimas ganas de ver a Jaime. Lo voy a abrazar y besar por todos los días que hemos pasado», confesaba la madre de Candamil, Gloria Casanova, a su llegada al aeropuerto desde su casa de Pasajes.
El avión de la compañía Iberia en el que viajaba la tripulación procedente de Madrid entró en pista a las 12.34 horas, después de tres anuncios de retraso. «Reventados físicamente», pero «muy emocionados» por volver a ver a los suyos, los arrantzales comparecieron un par de minutos ante el centenar de periodistas que esperaban su llegada en la puerta de salidas de aeródromo para mostrar su «agradecimiento» a los medios de comunicación, así como a los gobiernos central y vasco, «que se han portado divinamente». El marinero Gotzon Clemos, que ejerció de portavoz de los arrantzales del 'Playa de Bakio', se limitó a dar las gracias «por el apoyo recibido» tras insistir en que lo «único» que quieren ahora es «descansar y estar con sus familias».
«¿Nos vamos a casa!»
La llegada de los marineros despertó una gran expectación en el aeropuerto bilbaíno. Al enjambre de cámaras y micrófonos se sumaron decenas de viajeros, taxistas y curiosos que no quisieron perderse la bienvenida a los arrantzales, a los que recibieron con aplausos y gritos de ánimo. Una vez finalizada la improvisada y multitudinaria rueda de prensa, en la que también estuvieron presentes el consejero de Pesca, Gonzalo Sáenz de Samaniego, y el delegado del Gobierno, Paulino Luesma, los marineros volvieron a reunirse con sus familiares en el interior del aeropuerto antes de abandonar las instalaciones en sus propios vehículos. «¿Nos vamos a casa!», se felicitaban. Pese al cansancio acumulado por el secuestro y las interminables horas de vuelo, el guipuzcoano Mikel Arana se animó a conducir hasta su casa en Mondragón, mientras que Clemos se fue al bar de su cuñado en Gernika, donde estuvo tomando unos potes con sus amigos y familiares para celebrar el regreso a casa.
Apenas una hora antes, los marineros gallegos y sus familias hacían lo propio en Vigo. Más locuaces que los arrantzales vascos, los ocho tripulantes pontevedreses del 'Playa de Bakio' confesaron en el aeropuerto de Peinador que llegaron a pensar que no volverían a pisar su tierra. «Indescriptible con palabras, compañero», resumía el contramaestre del atunero, Ángel Fernández. Ya más tranquilos tras reunirse con sus respectivas familias y con la piel curtida por el sol, los marineros explicaron los momentos más duros del cautiverio al que fueron sometidos por los piratas somalíes. «El asalto se produjo cuando estábamos cenando. Aparecieron con un lanzagranadas y no nos dieron opción a nada. Nos apuntaron con un 'kalashnikov' y a partir de ahí fuimos rehenes», recordaba Fernández.
Once horas de vuelo
El contramaestre también confirmó que cada vez que uno de ellos desobedecía una orden, los milicianos le hacían el gesto de cortarle el cuello. «Venimos de sufrir una presión muy fuerte», insistió. Uno de los momentos más delicados fue la liberación. «Nos tiraron a todos en cubierta, nos apuntaron con armas y nos advirtieron de que si nos levantábamos en diez minutos nos cepillaban a todos», recordó Ángel Fernández. Para el patrón, sin embargo, «lo más duro» de los seis días de secuestro fue «aguantar las insolencias de los piratas. Nos trataron muy mal. Para ellos, las vidas valen menos que una cucaracha», aseguró un agotado Amadeo Álvarez. En cuanto al posible pago del rescate, ninguno de los marineros quiso entrar en detalles y se limitaron a decir que no sabían nada.
La tripulación española del 'Playa de Bakio' había llegado a las 7.10 horas al aeropuerto militar de Torrejón de Ardoz (Madrid) a bordo de un 'Boeing 707' tras once «largas» horas de vuelo. El avión, que partió el martes por la tarde de las islas Seychelles, hizo escala en Luxor (Egipto), donde los marineros aprovecharon para cenar. «Nos dieron pastillas para dormir, pero apenas pudimos pegar ojo», explicaron. Fueron recibidos en la pista de la base del Ejército del Aire por una delegación encabezada por la ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, Elena Espinosa.
Ataviados con ropa de verano, conversaron con las autoridades antes de dirigirse al pabellón donde les esperaba el director de la empresa propietaria de la embarcación, Borja Soroa, pieza clave en la liberación de los marineros. En una breve declaración antes los medios de comunicación, Espinosa manifestó la «satisfacción» del Gobierno central por el regreso de los cinco tripulantes vascos y los ocho gallegos. Uno de los momentos más emocionantes de la jornada de ayer se produjo cuando los arrantzales leyeron los periódicos y vieron las imágenes en las que aparecían sus familiares al conocer la noticia de su liberación. «Lo importante ahora es que ya están en casa», se repetían los parientes de los marineros.
Los cinco pescadores vascos tienen previsto reunirse hoy en torno a una mesa. Todos ellos tienen motivos más que suficientes.








