Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Sociedad

A PROPÓSITO
Confusión
01.05.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Confusión que se extendió cual mancha de aceite fue la alerta sobre el de girasol contaminado. La venta del de oliva subió como la espuma porque el fantasma de la colza ronda por las pasadas fritangas de la memoria colectiva. Para tranquilizarnos se hace pública una larga lista de marcas de aceite de girasol probadamente no envenenadas, o sea, nos dan el nombre de los inocentes que no tienen peligro y nos hurtan el de las botellas culpables, las que contenían la ponzoña de imprevisibles consecuencias. No. No nos confunde la noche a la mayoría que no trasnocha. Nos confunden las advertencias oficiales que salen a la luz del día.

Un doctor investigador declara que han muerto muchas menos personas por el mal de las vacas locas que las que palman por atragantarse con un trozo de carne ovina, bovina, porcina o aviar. Números cantan, según el experto. Me deja un tanto confundida esto de comparar los que perecen de una nueva, desconocida pandemia, con los que se atragantan con un hueso de pollo o pedazo de cordero, desgraciada fortuita que se sepa no es contagiosa. Desconozco las estadísticas de los atragantados con chuletones ni los porcentajes de vegetarianos que han perdido el resuello y la vida al taponarles la garganta un buen trozo de pepino o un desafortunado hueso de melocotón. Datos y cifras sobre cuestiones que no resisten la comparación, confunden.

Me confunde más de una de las prospecciones sociales que realiza el CIS periódicamente. En la última encuesta, uno de cuatro españoles considera, dice creer en firme que la sociedad no trata como se debiera y se merecen los viejos. No se entiende. Es decir, que uno de cuatro ciudadanos que habla y responde le echa la culpa del menosprecio a la vejez a la 'sociedad' entera, no se implica personal e individualmente. No se responde con voz y conciencia propia sobre qué hizo, hace o haría cada cual con sus mayores. El encuestado mira alrededor y prefiere confundirse con el desolador pensar general que ve a los ancianos primero como enfermos, después inteligentes y finalmente como ociosos. Así que pese a verle achacoso, el abuelo no deja de parecer un holgazán, un vago. Confundidos, vamos envejeciendo.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios

Comparte esta noticia

¿Qué es esto?

Vocento
SarenetRSS