Un doctor investigador declara que han muerto muchas menos personas por el mal de las vacas locas que las que palman por atragantarse con un trozo de carne ovina, bovina, porcina o aviar. Números cantan, según el experto. Me deja un tanto confundida esto de comparar los que perecen de una nueva, desconocida pandemia, con los que se atragantan con un hueso de pollo o pedazo de cordero, desgraciada fortuita que se sepa no es contagiosa. Desconozco las estadísticas de los atragantados con chuletones ni los porcentajes de vegetarianos que han perdido el resuello y la vida al taponarles la garganta un buen trozo de pepino o un desafortunado hueso de melocotón. Datos y cifras sobre cuestiones que no resisten la comparación, confunden.
Me confunde más de una de las prospecciones sociales que realiza el CIS periódicamente. En la última encuesta, uno de cuatro españoles considera, dice creer en firme que la sociedad no trata como se debiera y se merecen los viejos. No se entiende. Es decir, que uno de cuatro ciudadanos que habla y responde le echa la culpa del menosprecio a la vejez a la 'sociedad' entera, no se implica personal e individualmente. No se responde con voz y conciencia propia sobre qué hizo, hace o haría cada cual con sus mayores. El encuestado mira alrededor y prefiere confundirse con el desolador pensar general que ve a los ancianos primero como enfermos, después inteligentes y finalmente como ociosos. Así que pese a verle achacoso, el abuelo no deja de parecer un holgazán, un vago. Confundidos, vamos envejeciendo.







