En los extremos de la balanza de aquel trabajo se situaba un 30% que pensaba que se les trataba bien y el 17,5% que, taxativamente, decía que se les propiciaba un trato malo.
Dos de cada tres españoles estaban convencidos entonces de que los mayores no ocupaban en la sociedad el puesto que realmente les correspondía. El 39,9% de los encuestados no tenía miedo en reconocer -hace sólo 7 años- que los veía como «personas molestas», un 23% los calificaba directamente de «inactivos» y un 12% decía que el adjetivo que mejor definía a la población de más edad era «tristes».
De alguna manera, los datos conocidos entonces y los de hoy tienen cierta relación. Entonces se trataba de analizar la percepción que la población tenía de los ciudadanos de más edad y la relación con los mayores no salía muy bien parada a ojos de los encuestados. Ayer se supo que los españoles aún siguen sin dedicar mucho tiempo, lo hacen más bien poco, a sus personas mayores.
En 2001, la encuesta también planteó a quién correspondía el cuidado de los ancianos cuando éstos ya no se pueden valer por sí mismos. La inmensa mayoría de los españoles, casi el 90% coincidió en que es responsabilidad de los hijos en primera instancia, con el apoyo directo del Estado y las redes de asistencia y bienestar social. Casi todos los encuestados (91%) opinaban entonces que con más y mejores servicios socio-sanitarios quedarían cubiertas las necesidades de la tercera edad. Aún se siguen pidiendo.







