
Eran las once y media de la mañana cuando el doctor Villacorta, ciudadano español nacido en Perú hace 63 años, abandonaba las oficinas de la Tesorería General de la Seguridad Social después de hacer un papeleo y regresaba al trabajo. Una vez en la calle pasó por debajo de la marquesina del Gobierno, cuando la estructura que envolvía la acera se le vino encima. «Vi que se me venía sobre la cabeza y tuve el tiempo justo para apartarme. El andamio y lo que tenía encima me golpeó por todo el cuerpo. Tórax, abdomen, cintura, piernas... Quedé tendido en el suelo, totalmente dolorido y con un susto encima tremendo. ¿Si hasta pensé que me había roto la médula!».
«¿Me duele todo!»
En su ayuda acudió María Luisa Uriarte, la médico de empresa del Gobierno vasco. Ella y la Policía Municipal permanecieron a su lado hasta la llegada de la ambulancia. «Yo trabajo en la octava planta y cuando me avisaron, bajé de inmediato. Estaba tumbado en el suelo, pero consciente; asustado, pero hablando por teléfono. Le pedí que no se moviera hasta que llegara la ambulancia».
Juan Marcos sólo tenía una preocupación, «que no se me hubiera roto la médula. La ambulancia tardó en llegar unos 15 minutos. Ya estaba por desmayarme, porque me sobrevinieron unos dolores fuertes y un sudor frío. En cuanto me recuperé un poco vi que podía mover los dedos de las manos y los de los pies. Sólo entonces me quedé tranquilo y me dejé hacer».
La víctima fue trasladada de inmediato al Hospital de Basurto, donde quedó ingresado. Fue dado de alta al día siguiente, después de pasar por Observación. La radiografía no reveló ninguna fractura, aunque los traumatismos y contusiones se repartían por su cuerpo sin darle tregua. «¿Me duele todo!», exclamaba ayer en el 'box' número 10 de la planta 1 de Urgencias. A su lado estaba su mujer, cuyo rostro mostraba las huellas de una noche en vela y marcada por la preocupación. Tamara Yazvienko no supo de lo que le había pasado a su marido hasta las cinco de la tarde. «No me avisaron para no preocuparme», decía mientras apretaba la mano de su esposo.
«Ha sido un descuido»
Hasta Basurto se desplazaron varios responsables de la empresa Ganuza, la encargada de levantar el andamio. «Ha sido un descuido, no hay otra explicación. Lo que le ha caído encima es precisamente el cierre perimetral que levantamos para mayor seguridad de los que circulan por la acera, ya que los trabajos propiamente dichos se llevan a cabo encima de la marquesina».
«El operario que facilita los materiales desde la calle -añadieron las mismas fuentes- había apoyado en esa estructura dos de las barras para izarlas desde allí con la polea. El andamio no ha aguantado el peso, quizá porque los largueros estaban demasiado inclinados, y se ha venido abajo». Las barras, utilizadas en el lateral del andamio a manera de barandilla, tienen unos tres metros de longitud y pesan entre 8 y 11 kilos cada uno. «Ha sido una fatalidad. Hay una normativa para amarrar los anclajes cada 'equis' metros, y la respetamos. ¿Que ahora, a toro pasado, alguien nos dice que hubiera estado más segura sujeta con hormigón? Pues qué le voy a decir?».
Su versión difiere de la ofrecida por Juan Marcos, que ya ha puesto el asunto en manos de su abogado porque no sabe cuánto tiempo va a estar de baja. «Nada de dos largueros, fueron más. Había una pila de seis a diez. Al caer al suelo, mi preocupación era no darme en la cabeza con el pretil de la vereda -el bordillo de la acera-, así que mis reflejos actuaron para que el grueso del peso recayera sobre mi espalda. Me desplomé de bruces con todo el peso encima. Así he amanecido hoy -resumía mientras se palpaba con un rictus de dolor no exento de sorna-. El cuello, la columna, la cadera... ¿Y qué dolor en las sentaderas!».





