
Numerosos vitorianos aprovecharon la soleada jornada de ayer para inspeccionar la plaza tras su profunda remodelación. «Las escaleras están peligrosas para las personas mayores. Deben señalizarse más y mejor», insistía Juan Ignacio Armentia, que recorría junto a su esposa el tramo más cuestionado, entre las calles Herrería y Zapatería, donde los peldaños son muy pocos pronunciados. «Resulta confusa esta mezcla entre la parte que baja lisa y la escalonada», recalcaba, al tiempo que sugería también una barandilla que sirviera de clara separación entre ambas mitades. Una opinión compartida por Isaías Ibarra y Saloha Vera.«Quizá la barandilla sea la mejor solución pero al menos hacen falta unas marcas más claras, más vistosas, para que se vean bien los peldaños, y no las cintas que han puesto ahora, que se están despegando ya».
Ayer no se cayó nadie más en la zona, al menos durante la mañana. El carácter festivo de la jornada se dejaba notar y los viandantes paseaban con calma, sin prisas. Además, precavidos por las alarmantes noticias de los primeros días, muchos elegían de manera casi instintiva el tramo liso, sin escaleras. Y los que se adentraban en ellas lo hacían sabiendo muy bien dónde pisaban, mirando los escalones e intercambiando comentarios y opiniones, poniendo a examen la obra y calibrando su seguridad.
«Estas escaleras pueden ser bonitas y decorativas pero resultan muy poco prácticas y peligrosas», sentenció Remedios Ortiz, de 80 años, también claramente partidaria de alisar toda la zona.
Las fuentes
Igual de críticas se mostraban Margari Díaz y su hija Amaia. «No nos gustan nada. Son peligrosas y, sinceramente, habría que eliminarlas. Se ha caído ya gente y se seguirá cayendo, como no se ponga remedio».
Pero no todo es alarma. José Luis Idazu, vecino del Casco Viejo, se acercó ayer a la plaza con sus 82 años, apoyado en su bastón. «He venido a ver de qué va esto después de todo lo que oído y, sinceramente, no me parecen tan peligrosas», comentó. «Las escaleras son escaleras y siempre hay que tener cuidado con ellas».
El otro punto caliente del debate está al otro lado de la calle: las fuentes de agua intermitentes que se levantan desde el suelo. Y suscitan opiniones mucho más contrapuestas, que van desde el encendidos elogio hasta la crítica demoledora, como el conjunto de la plaza que ha recuperado Vitoria.









